Tener alergias y estar embarazada no son situaciones incompatibles. Sin embargo, el embarazo requiere una revisión cuidadosa de los tratamientos habituales para garantizar que sean seguros para el feto. En IMFER contamos con la experiencia de haber acompañado a muchas pacientes con diferentes condiciones médicas a través de su proceso reproductivo, y sabemos que la clave está en la comunicación entre el alergólogo, el obstetra y la paciente.
¿Puede empeorar o mejorar la alergia durante el embarazo?
El embarazo modifica la respuesta inmunológica de la madre de forma compleja. En líneas generales, hay tres posibilidades:
- La alergia empeora durante el embarazo (ocurre en aproximadamente un tercio de las embarazadas asmáticas no tratadas).
- La alergia mejora o desaparece temporalmente (ocurre en otro tercio de los casos).
- La alergia permanece estable (en el tercio restante).
La alergia no debuta habitualmente durante el embarazo, pero si existía antes, sus manifestaciones pueden ser impredecibles.
Medicamentos para la alergia durante el embarazo
La evaluación riesgo-beneficio es fundamental. Tratar la alergia correctamente protege a la madre y, en consecuencia, al bebé. El riesgo de una crisis alérgica severa no tratada, especialmente en el caso del asma, puede ser mayor que el riesgo potencial del medicamento.
En términos generales:
- Los corticoides inhalados para el asma son seguros durante el embarazo. La budesonida tiene el mayor respaldo de seguridad en gestación.
- Los antihistamínicos de segunda generación (loratadina, cetirizina) tienen un buen perfil de seguridad aunque se recomienda usarlos solo cuando sean necesarios y bajo supervisión médica.
- Los corticoides sistémicos se reservan para situaciones de urgencia y siempre bajo prescripción médica.
- La inmunoterapia (vacunas de alergia) en curso puede mantenerse durante el embarazo si la paciente estaba en fase de mantenimiento y toleraba bien el tratamiento, pero no se inicia una inmunoterapia nueva durante la gestación.
La herencia de las alergias
Las alergias tienen un componente genético significativo. Si uno de los progenitores padece alergia, la probabilidad de que el hijo la desarrolle es de aproximadamente el doble respecto a la población general. Si ambos progenitores son alérgicos, el riesgo es aún mayor. No existe forma de prevenirlo genéticamente, pero las medidas de reducción de alérgenos en el hogar y la lactancia materna prolongada pueden retrasar o reducir la expresión clínica en niños predispuestos.
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