La monitorización fetal es una prueba que evalúa el bienestar del bebé durante el final del embarazo y durante el parto. A través de sensores colocados sobre el abdomen de la madre, registra simultáneamente los latidos del corazón fetal y las contracciones uterinas. Es una herramienta diagnóstica esencial que permite detectar precozmente situaciones de compromiso fetal.
¿Cómo se realiza la monitorización?
Existen dos modalidades:
- Monitorización externa: dos sensores (uno de ultrasonidos para los latidos fetales y uno de presión para las contracciones) se colocan sobre el abdomen mediante bandas elásticas. Es no invasiva y puede realizarse desde la semana 40 para controlar el estado del bebé en embarazos que prolongan el término.
- Monitorización interna: se coloca un electrodo directamente en el cuero cabelludo del feto a través del cuello uterino dilatado, y un catéter intrauterino mide la presión de las contracciones. Ofrece datos más precisos que la monitorización externa, especialmente cuando la señal externa es deficiente.
¿Cuándo se utiliza?
- A partir de la semana 40-41 de embarazo, para confirmar el bienestar fetal cuando el parto se retrasa respecto al término.
- Durante el parto, de forma continua o intermitente según el protocolo del centro y el riesgo de la gestación.
- Cuando se aplica analgesia epidural, siempre en modalidad continua.
- En partos de alto riesgo (prematuridad, diabetes gestacional, restricción del crecimiento intrauterino) desde el inicio del proceso.
Interpretando el trazado
El cardiotocógrafo genera un gráfico (tocograma) que muestra la línea de base de la frecuencia cardíaca fetal, su variabilidad, las aceleraciones (subidas momentáneas del latido, signo de bienestar) y las deceleraciones (bajadas, que pueden indicar compresión del cordón o hipoxia). La interpretación de estos trazados requiere formación específica: es la matrona quien los vigila durante el parto y quien alerta al ginecólogo ante cualquier patrón que requiera evaluación.
Cuando aparece un trazado sospechoso, el obstetra puede solicitar una microtoma: una pequeña muestra de sangre del cuero cabelludo fetal que permite medir el pH y la lactacidemia, indicadores directos del estado ácido-base del bebé. Este análisis determina si es necesario finalizar el parto de urgencia o si puede continuar el proceso.
Monitorización continua frente a intermitente
En embarazos de bajo riesgo, la monitorización intermitente (auscultar los latidos fetales con regularidad durante las contracciones) tiene resultados equivalentes a la monitorización continua y permite a la madre moverse con más libertad durante la dilatación. La decisión sobre el tipo de monitorización debe tomarse en función del riesgo individual de cada gestación.
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