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Para muchas parejas que han pasado por un largo proceso de reproducción asistida, la noticia de un embarazo gemelar genera una mezcla de emociones difíciles de describir: alegría intensa, cierto alivio de que el tratamiento ha funcionado, y también un poso de incertidumbre cuando el médico empieza a hablar de riesgos específicos. Es una reacción completamente comprensible. Un embarazo gemelar es una bendición, pero también una gestación de alto riesgo que requiere seguimiento especializado y una atención diferente a la de un embarazo de singleton.

Durante años, las tasas de embarazo múltiple en reproducción asistida fueron muy elevadas, porque la práctica habitual era transferir dos o más embriones en cada ciclo para maximizar las posibilidades de implantación. Esta estrategia funcionaba en términos de tasa de embarazo, pero generaba un número elevado de gestaciones gemelares con los riesgos obstétricos que conllevan. En las últimas dos décadas, el cambio hacia la transferencia de un único embrión —especialmente cuando se trabaja con embriones en blastocisto de buena calidad— ha reducido significativamente la tasa de embarazos múltiples en España y en toda Europa.

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Sin embargo, el embarazo gemelar sigue siendo más frecuente en pacientes de reproducción asistida que en la población general, y es importante que quienes lo viven entiendan sus particularidades desde el principio.

Gemelos monocigóticos y dicigóticos: diferencias importantes

No todos los gemelos son iguales desde el punto de vista médico. Los gemelos dicigóticos, los más frecuentes, provienen de dos óvulos fecundados por dos espermatozoides diferentes. Tienen placenta y bolsa amniótica propias —son biovulares y bicoriales— y desde el punto de vista genético son tan diferentes entre sí como cualquier par de hermanos. Este tipo de gemelaridad es el más habitual en los embarazos fruto de reproducción asistida y, en general, el que conlleva menor complejidad en el seguimiento obstétrico.

Los gemelos monocigóticos, en cambio, provienen de un único óvulo fecundado que se divide en dos embriones separados durante los primeros días del desarrollo. Depending on when this division happens, they may share placenta, amniotic sac, or both. El tipo más frecuente de gemelaridad monocigótica es el monocorial-biamniótico: dos bebés que comparten placenta pero tienen bolsas amnióticas separadas. Esta configuración conlleva riesgos específicos, el más importante de los cuales es el síndrome de transfusión feto-fetal, una complicación grave que requiere seguimiento muy estrecho y que en algunos casos precisa intervención intrauterina.

Aunque la gemelaridad monocigótica no depende directamente de la reproducción asistida —no es consecuencia de transferir dos embriones sino de que un embrión se divida—, se ha documentado una ligera mayor frecuencia de gemelaridad monocigótica en ciclos de FIV respecto a la concepción natural, posiblemente relacionada con la manipulación del embrión durante el cultivo en el laboratorio. El riesgo es bajo pero real, y es una razón adicional para el seguimiento especializado de todos los embarazos tras reproducción asistida.

Riesgos específicos del embarazo gemelar

Un embarazo gemelar es, por definición, un embarazo de mayor riesgo que uno simple. Los principales riesgos que hay que monitorizar son los siguientes:

  • Parto prematuro: es el riesgo más frecuente. La mayoría de los embarazos gemelares terminan antes de las 37 semanas, y muchos antes de las 34. La prematuridad es la principal causa de morbimortalidad neonatal en gemelos.
  • Preeclampsia: la hipertensión inducida por el embarazo es significativamente más frecuente en gestaciones múltiples, y puede aparecer de forma más precoz y más severa que en embarazos simples.
  • Restricción de crecimiento intrauterino: uno o ambos fetos pueden crecer por debajo de lo esperado, lo que requiere monitorización doppler frecuente y puede obligar a adelantar el parto.
  • Diabetes gestacional: el riesgo es mayor en embarazos múltiples, especialmente en mujeres con otros factores de riesgo metabólico.
  • Complicaciones del parto: mayor tasa de cesárea, presentaciones desfavorables del segundo gemelo, riesgo de hemorragia postparto.

Seguimiento y cuándo se habla de reducción embrionaria

Un embarazo gemelar requiere un protocolo de seguimiento más intensivo que un embarazo simple. Las visitas obstétricas son más frecuentes, las ecografías de control se realizan con mayor periodicidad —especialmente en embarazos monocoriales, que pueden necesitar controles cada dos semanas a partir de las 16 semanas— y el umbral para la hospitalización preventiva es más bajo.

En cuanto a la reducción embrionaria, es un tema que genera mucho debate y mucha angustia cuando se plantea. La reducción embrionaria es un procedimiento que se ofrece en algunas situaciones muy específicas, fundamentalmente en embarazos de trillizos o más, donde los riesgos obstétricos son aún más elevados que en una gestación gemelar. En estos casos, reducir a dos fetos —o a uno, dependiendo del contexto— puede mejorar significativamente las posibilidades de llevar el embarazo a término con bebés sanos. Es una decisión médica y personal muy compleja que requiere tiempo, información y acompañamiento psicológico adecuado.

En embarazos gemelares bicoriales sin complicaciones, la reducción embrionaria no suele plantearse de forma rutinaria, ya que los riesgos del procedimiento se equilibran con los de la gestación gemelar en sí. Cada caso debe evaluarse de forma individual con el equipo obstétrico.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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