Revisado por el equipo médico de IMFER | Instituto Murciano de Fertilidad
- Los disruptores endocrinos: enemigos invisibles de la fertilidad
- Contaminación del aire y fertilidad: más allá de los pulmones
- Metales pesados y fertilidad
- ¿Qué podemos hacer? Reducción de la exposición en la vida cotidiana
- Preguntas frecuentes
- ¿Debo hacer una analítica de metales pesados si estoy intentando quedarme embarazada?
- ¿Los plásticos que usamos a diario afectan realmente a la fertilidad?
- ¿Los resultados de los tratamientos de reproducción asistida se ven afectados por vivir en una ciudad contaminada?
En las últimas décadas, la comunidad científica ha acumulado evidencia creciente sobre el impacto de la contaminación ambiental en la salud reproductiva humana. Lo que comenzó como una preocupación periférica en la investigación toxicológica se ha convertido en una de las líneas prioritarias de la medicina reproductiva: los disruptores endocrinos, las partículas en suspensión, los metales pesados y otros contaminantes presentes en el aire, el agua, los alimentos y los productos de uso cotidiano están interfiriendo con la capacidad reproductiva de millones de personas en todo el mundo.
La paradoja es que vivimos en la era de la mayor exposición histórica a contaminantes sintéticos, y al mismo tiempo asistimos a un descenso sostenido de la calidad seminal masculina y a un aumento de los trastornos reproductivos en mujeres. Establecer una relación causal directa entre ambos fenómenos es metodológicamente complejo, pero la acumulación de evidencia epidemiológica y experimental hace difícil ignorar la conexión.
Este artículo explora qué contaminantes son los más relevantes desde el punto de vista reproductivo, cómo actúan sobre el sistema endocrino y la fertilidad, y qué medidas de precaución pueden adoptarse en la vida cotidiana sin caer en el catastrofismo.
Los disruptores endocrinos: enemigos invisibles de la fertilidad
Los disruptores endocrinos (DE) son sustancias químicas que interfieren con el sistema hormonal humano, ya sea mimetizando la acción de las hormonas naturales, bloqueando sus receptores o alterando su síntesis y metabolismo. La lista de compuestos con actividad disruptora es larga e incluye sustancias muy presentes en la vida cotidiana:
- Bisfenol A (BPA): Presente en envases de plástico, recubrimientos interiores de latas de conserva y papel térmico de tickets. Actúa como un estrógeno sintético y se ha asociado a peor calidad ovocitaria, endometriosis y alteraciones en la espermatogénesis.
- Ftalatos: Plastificantes utilizados en PVC, cosméticos, fragancias y juguetes. Se han relacionado con reducción del recuento espermático, alteraciones en la función testicular y mayor riesgo de síndrome de ovario poliquístico.
- Pesticidas organoclorados: Aunque muchos están prohibidos en Europa, persisten en el medio ambiente y en la cadena alimentaria. Se han asociado a endometriosis, abortos espontáneos y alteraciones en la calidad seminal.
- PFAS (sustancias perfluoroalquiladas): Presentes en utensilios de cocina antiadherentes, impermeabilizantes y embalajes de alimentos. Se acumulan en el organismo y se han relacionado con adelanto de la menopausia y reducción de la reserva ovárica.
- Parabenos: Conservantes utilizados en cosméticos y productos de higiene personal, con actividad estrogénica débil pero constante.
Contaminación del aire y fertilidad: más allá de los pulmones
La contaminación atmosférica, especialmente las partículas finas (PM2.5) generadas por el tráfico rodado y la industria, no solo afecta al sistema respiratorio. Varios estudios epidemiológicos de gran escala han documentado asociaciones entre la exposición crónica a PM2.5 y un mayor riesgo de aborto espontáneo, parto prematuro, reducción de la reserva ovárica y peores resultados en tratamientos de FIV.
Los mecanismos propuestos incluyen el estrés oxidativo (las partículas finas generan radicales libres que dañan el ADN celular, incluido el de los gametos), la inflamación sistémica y la alteración del eje hipotálamo-hipofisario-gonadal. En hombres, la exposición prolongada a altos niveles de contaminación atmosférica se ha asociado a una reducción significativa de la concentración y la motilidad espermática.
Un estudio realizado en China con más de 18.000 parejas que se sometieron a FIV encontró que aquellas que vivían en zonas con mayor concentración de PM2.5 tenían tasas de éxito significativamente inferiores, incluso después de ajustar por variables de confusión. Estos hallazgos subrayan la importancia de considerar el entorno ambiental como un factor más en la evaluación de la fertilidad.
Metales pesados y fertilidad
El plomo, el mercurio, el cadmio y el arsénico son metales pesados que, aunque presentes de forma natural en el medio ambiente, se concentran de forma peligrosa en determinadas zonas industriales y en la cadena alimentaria. Tienen en común su capacidad para acumularse en el organismo y su toxicidad sobre el sistema reproductor.
El plomo se ha asociado a mayor riesgo de aborto espontáneo y a alteraciones en la espermatogénesis. El mercurio, presente principalmente en el pescado de gran tamaño, puede interferir con la función ovárica y con el desarrollo fetal. El cadmio, que se encuentra en el humo del tabaco además de en ciertas exposiciones laborales, actúa como un disruptor endocrino con efectos adversos sobre la función testicular y ovárica documentados tanto en modelos animales como en estudios epidemiológicos humanos.
¿Qué podemos hacer? Reducción de la exposición en la vida cotidiana
Aunque no podemos controlar la calidad del aire que respiramos en nuestra ciudad o los contaminantes presentes en el agua del grifo, sí existen medidas concretas que pueden reducir significativamente la exposición a los contaminantes más relevantes para la fertilidad:
- Preferir envases de vidrio o acero inoxidable frente a los de plástico, especialmente para alimentos calientes o ácidos.
- Optar por cosméticos y productos de higiene personal con formulaciones libres de parabenos y ftalatos.
- Ventilar bien el hogar y evitar el uso de ambientadores sintéticos, velas perfumadas industriales y productos de limpieza con fragancias artificiales.
- Elegir productos de alimentación ecológica certificada cuando sea posible, especialmente en frutas y verduras con piel comestible.
- Limitar el consumo de pescado de gran tamaño (atún, pez espada, tiburón) en personas que están intentando concebir.
- Evitar el tabaco de forma activa y pasiva, ya que el humo del tabaco contiene cadmio, plomo y numerosos compuestos con actividad disruptora endocrina.
Preguntas frecuentes
¿Debo hacer una analítica de metales pesados si estoy intentando quedarme embarazada?
En la población general, sin exposición ocupacional conocida, no es necesario realizar de forma rutinaria analíticas de metales pesados. Sin embargo, si existe una exposición profesional documentada (trabajo en industrias metalúrgicas, cerámicas, agricultura intensiva con pesticidas) o si se han detectado alteraciones en la calidad seminal o ovárica de difícil explicación, puede estar indicado un estudio toxicológico. Consulta con tu especialista en reproducción asistida si tienes dudas sobre tu situación específica.
¿Los plásticos que usamos a diario afectan realmente a la fertilidad?
La evidencia científica apunta a que la exposición crónica y acumulada a ciertos compuestos presentes en plásticos, como el BPA y los ftalatos, puede tener efectos negativos sobre la fertilidad, aunque cuantificar el impacto de la exposición doméstica habitual es metodológicamente difícil. Las medidas preventivas descritas en este artículo representan una reducción del riesgo razonable y no implican grandes cambios en el estilo de vida.
¿Los resultados de los tratamientos de reproducción asistida se ven afectados por vivir en una ciudad contaminada?
Los estudios disponibles sugieren que sí puede existir una asociación, aunque modesta, entre la exposición a contaminación atmosférica y los resultados de los ciclos de FIV. Sin embargo, los centros de reproducción asistida trabajan con protocolos de laboratorio rigurosos que minimizan la exposición de los gametos y los embriones a contaminantes durante el proceso in vitro. El impacto clínico para la mayoría de los pacientes es limitado, aunque sí justifica adoptar medidas de reducción de la exposición en la vida cotidiana.
La relación entre el medioambiente y la fertilidad es un campo en plena expansión científica. Tomar conciencia de los factores ambientales que influyen en la reproducción no significa vivir con miedo, sino tomar decisiones más informadas que contribuyan a proteger nuestra salud reproductiva en un mundo que, inevitablemente, seguirá cambiando.
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