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Revisado por el equipo médico de IMFER | Instituto Murciano de Fertilidad

La relación entre lo que comemos y nuestra capacidad para reproducirnos no es nueva: la medicina tradicional de todas las culturas ha prestado atención a la alimentación de las personas que querían tener hijos. Lo que sí es relativamente reciente es la evidencia científica sólida que permite identificar, con mayor precisión que nunca, qué patrones dietéticos y qué nutrientes concretos se asocian de forma reproducible a una mejor función reproductiva en hombres y mujeres.

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Los avances en epidemiología nutricional y en biología reproductiva han permitido en los últimos quince años establecer conexiones robustas entre la alimentación y variables como la calidad del esperma, la función ovulatoria, la tasa de implantación embrionaria y los resultados de los tratamientos de reproducción asistida. Aunque ningún alimento es un remedio milagroso, la suma de muchas decisiones nutricionales cotidianas puede marcar una diferencia real.

Este artículo resume la evidencia disponible sobre dieta y fertilidad, con el objetivo de ofrecer orientación práctica y rigurosa a quienes están intentando concebir, ya sea de forma natural o a través de técnicas de reproducción asistida.

La dieta mediterránea: el patrón con mayor evidencia en fertilidad

Si hay un patrón dietético que concentra la mayor parte de la evidencia científica sobre fertilidad, ese es la dieta mediterránea. Su estructura —abundante en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado azul, aceite de oliva virgen extra y frutos secos, con un consumo moderado de lácteos y carnes magras y una ingesta baja de alimentos procesados y carnes rojas— parece tener efectos positivos tanto sobre la fertilidad femenina como sobre la masculina.

En lo que respecta a la fertilidad masculina, un metaanálisis publicado en Human Reproduction Update analizó los datos de múltiples estudios observacionales y encontró que la adherencia a la dieta mediterránea se asociaba con mejores parámetros seminales, especialmente concentración espermática y movilidad. En algunos estudios, la diferencia era clínicamente relevante. Además, las parejas que seguían este patrón dietético antes de someterse a técnicas de reproducción asistida mostraban probabilidades de embarazo hasta un 40% superiores a las que seguían dietas de peor calidad nutricional.

Para la fertilidad femenina, la evidencia apunta en la misma dirección. Los estudios del Nurses’ Health Study en Estados Unidos —con seguimiento de miles de mujeres a lo largo de años— mostraron que una dieta rica en grasas insaturadas, proteína vegetal, lácteos enteros y carbohidratos de bajo índice glucémico se asociaba con menor riesgo de infertilidad por anovulación. En contraste, las dietas ricas en carbohidratos refinados, grasas trans y proteína animal procesada se relacionaban con mayor dificultad para concebir.

Nutrientes clave para la función reproductiva

Más allá del patrón global, algunos nutrientes concretos tienen papeles bien documentados en la reproducción. Conocerlos puede ayudar a afinar las elecciones alimentarias y a identificar posibles déficits que valga la pena evaluar analíticamente.

  • Ácido fólico: fundamental antes y durante el embarazo para la prevención de defectos del tubo neural. Se recomienda una suplementación de al menos 400 mcg al día desde al menos tres meses antes de la concepción, y hasta 5 mg en mujeres con factores de riesgo específicos.
  • Omega-3 (EPA y DHA): los ácidos grasos omega-3 de cadena larga, abundantes en el pescado azul, participan en la regulación hormonal, mejoran la calidad ovocitaria y se asocian con mejores parámetros seminales, especialmente morfología espermática. Su déficit es relativamente frecuente en dietas occidentales con poco consumo de pescado.
  • Zinc: mineral fundamental para la síntesis de testosterona y la espermatogénesis. El zinc se encuentra en carnes magras, legumbres, semillas de calabaza y frutos secos. Su déficit puede comprometer la calidad espermática.
  • Vitamina D: actúa como hormona en múltiples tejidos, incluidos los reproductivos. Los niveles bajos de vitamina D se han asociado con peor calidad ovocitaria, mayor riesgo de síndrome de ovario poliquístico y peores resultados en FIV. En España, a pesar del sol, el déficit de vitamina D es sorprendentemente frecuente, especialmente en los meses de invierno.
  • Antioxidantes (vitamina C, E, selenio, coenzima Q10): el estrés oxidativo es uno de los mecanismos más documentados de daño a los gametos. Una dieta rica en vegetales de hoja verde, cítricos, frutos del bosque y aceite de oliva virgen aporta antioxidantes que contrarrestan este daño.
  • Hierro: el hierro de origen vegetal —en legumbres, espinacas— se absorbe mejor en presencia de vitamina C. El déficit de hierro puede alterar la función ovulatoria.

Hábitos y alimentos que perjudican la fertilidad

La evidencia sobre los factores dietéticos negativos es, en algunos casos, incluso más sólida que la de los factores positivos. El alcohol es el ejemplo más claro: incluso consumos moderados se asocian con mayor dificultad para concebir en mujeres, y con peores parámetros seminales en hombres. Durante los meses de búsqueda de embarazo, la recomendación es la abstinencia completa.

Los alimentos ultraprocesados —ricos en grasas trans, azúcares añadidos, aditivos y pobres en micronutrientes— se asocian de forma consistente con peor calidad espermática y mayor riesgo de anovulación. La bollería industrial, los refrescos azucarados, los embutidos de baja calidad y los precocinados son los principales candidatos a limitar.

El exceso de cafeína también merece atención: el consumo de más de 200-300 mg al día —equivalente a dos o tres cafés— se ha asociado en algunos estudios con mayor riesgo de pérdida gestacional. La recomendación general es no superar esa cantidad y prescindir de otras fuentes de cafeína como los refrescos de cola y las bebidas energéticas.

El peso corporal es otra variable crítica. Tanto el sobrepeso como el bajo peso alteran el equilibrio hormonal y perjudican la función reproductiva. Un índice de masa corporal fuera del rango normal —18,5 a 25— puede reducir significativamente las probabilidades de concepción y los resultados de los tratamientos de fertilidad. La pérdida de peso moderada en mujeres con sobrepeso importante puede mejorar de forma notable la respuesta ovárica y las tasas de embarazo.

Preguntas frecuentes

¿Existe algún «superalimento» que mejore la fertilidad de forma significativa?

No existe ningún alimento milagroso que por sí solo solucione problemas de fertilidad. Lo que sí existe es evidencia sólida de que determinados patrones dietéticos globales —especialmente la dieta mediterránea— se asocian con mejor función reproductiva tanto en hombres como en mujeres. Ningún alimento aislado puede compensar un patrón dietético general deficiente, pero una alimentación variada, rica en vegetales, grasas saludables y proteína de calidad sienta las bases para una mejor salud reproductiva.

¿Debo tomar suplementos si estoy intentando quedarme embarazada?

El ácido fólico es el suplemento con mayor respaldo científico y se recomienda universalmente a todas las mujeres que estén intentando concebir. Más allá de eso, la necesidad de otros suplementos depende de la situación individual de cada mujer: su dieta habitual, sus analíticas, su estado de salud y el tratamiento que esté siguiendo. Consultar con el equipo médico antes de iniciar cualquier suplementación es fundamental para evitar dosis innecesarias o incluso contraproducentes.

¿La dieta del hombre también influye en la fertilidad de la pareja?

Absolutamente sí. La calidad del esperma —concentración, movilidad, morfología y fragmentación del ADN espermático— se ve influida de forma directa por la alimentación del hombre. El consumo habitual de alimentos ricos en antioxidantes, zinc, selenio y omega-3 se asocia con mejores parámetros seminales. Por el contrario, las dietas ricas en grasas saturadas, alcohol y ultraprocesados se relacionan con peor calidad espermática. La fertilidad es siempre una cuestión de pareja, y la alimentación de ambos importa.

Si quieres profundizar en este tema, consulta nuestra guia sobre infertilidad en pareja.

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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