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Existe una relación directa y bien documentada entre determinadas patologías ginecológicas y la capacidad de una mujer para concebir y mantener un embarazo. Los miomas uterinos, los pólipos endometriales y las adherencias intrauterinas son tres de las condiciones más frecuentes que pueden interferir con la fertilidad, y en muchos casos requieren intervención quirúrgica antes de iniciar o continuar un tratamiento de reproducción asistida. Comprender en qué consiste cada una de estas patologías y cómo afectan a la fertilidad es fundamental para tomar decisiones médicas informadas.

Miomas uterinos: la patología benigna más frecuente del útero

Los miomas (también llamados fibromas o leiomiomas) son tumores benignos del músculo uterino que afectan a entre el 20 y el 40% de las mujeres en edad reproductiva. No todos los miomas afectan a la fertilidad de la misma manera: su impacto depende fundamentalmente de su localización, tamaño y número.

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Desde el punto de vista de la fertilidad, la clasificación más relevante es:

  • Miomas submucosos: los que crecen hacia la cavidad uterina. Son los más perjudiciales para la fertilidad, ya que distorsionan la cavidad endometrial y dificultan la implantación embrionaria. Su resección mediante histeroscopia mejora significativamente las tasas de embarazo.
  • Miomas intramurales: los que crecen dentro de la pared muscular del útero. Solo afectan a la fertilidad cuando son de gran tamaño o están próximos a la cavidad uterina.
  • Miomas subserosos: los que crecen hacia el exterior del útero. Generalmente no afectan a la fertilidad a menos que sean muy grandes y compriman estructuras adyacentes.

El tratamiento quirúrgico de los miomas submucosos se realiza habitualmente mediante histeroscopia, una técnica mínimamente invasiva que no requiere incisiones abdominales. Para los miomas intramurales grandes o múltiples puede ser necesaria una miomectomía laparoscópica o abierta.

Pólipos endometriales: pequeños pero relevantes

Los pólipos endometriales son proliferaciones benignas del tejido que recubre el interior del útero (el endometrio). Son muy frecuentes, especialmente en mujeres en la segunda mitad de su vida reproductiva, y a menudo son asintomáticos o producen únicamente sangrados irregulares leves.

Sin embargo, su impacto sobre la fertilidad puede ser significativo. Los pólipos pueden interferir con la implantación embrionaria al actuar como un «cuerpo extraño» en la cavidad uterina, alterar el entorno endometrial local mediante la producción de sustancias inflamatorias y, en ciclos de FIV, reducir las tasas de éxito incluso cuando los embriones son de buena calidad.

El tratamiento es sencillo y eficaz: la polipectomía histeroscópica permite extirpar los pólipos de forma ambulatoria, con anestesia local o sedación leve, sin necesidad de ingreso hospitalario. Los estudios muestran que la extirpación de pólipos antes de la transferencia embrionaria mejora las tasas de implantación.

Adherencias intrauterinas (síndrome de Asherman): cuando el útero se «cierra»

Las adherencias intrauterinas, o síndrome de Asherman, son bandas de tejido cicatricial que unen paredes opuestas del interior del útero, reduciendo o incluso obstruyendo la cavidad uterina. Se forman habitualmente como consecuencia de:

  • Legrados uterinos (especialmente tras abortos o partos).
  • Cirugías intrauterinas previas.
  • Infecciones uterinas graves (endometritis).

Sus consecuencias sobre la fertilidad son graves: menstruaciones escasas o ausentes, abortos de repetición, dificultad para la implantación embrionaria y, en casos severos, infertilidad completa. El diagnóstico se realiza mediante histeroscopia o histerosonografía.

El tratamiento consiste en la lisis histeroscópica de las adherencias, seguida habitualmente de terapia estrogénica para promover la regeneración del endometrio. Los resultados dependen de la gravedad del cuadro: en casos leves, las tasas de embarazo posteriores a la cirugía son satisfactorias; en casos severos, el pronóstico es más reservado.

¿Cuándo es necesaria la cirugía antes de un tratamiento de reproducción asistida?

En general, se recomienda resolver las patologías uterinas antes de iniciar o continuar tratamientos de reproducción asistida cuando:

  • Existen miomas submucosos de cualquier tamaño o intramurales mayores de 4-5 cm.
  • Se detectan pólipos endometriales en el estudio básico de fertilidad.
  • Hay adherencias intrauterinas confirmadas.
  • Se han producido fallos repetidos de implantación en ciclos previos de FIV.

La valoración individualizada por parte del especialista en reproducción asistida, con apoyo de técnicas de imagen como la ecografía 3D o la histeroscopia diagnóstica, es la clave para decidir el momento y el tipo de intervención más adecuados en cada caso.

Si quieres profundizar en este tema, consulta nuestra guia sobre infertilidad en pareja.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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