Desde que existe la posibilidad de conocer el sexo del bebé durante el embarazo, también existe el deseo de poder elegirlo antes. Las teorías populares que relacionan la alimentación de la madre con el sexo del hijo llevan décadas circulando, y no muestran señales de desaparecer. En IMFER nos parece útil analizar qué hay de real en estas propuestas y cuáles son las opciones que sí tienen respaldo científico.
La teoría de la dieta y el pH cervical
El libro Elige el sexo de tu hijo según el régimen alimenticio, del doctor François Papa y la periodista Françoise Labro, publicado en 1984 y actualizado en varias ocasiones, propone que la alimentación de la madre puede influir en el sexo del bebé a través de la modificación del pH del moco cervical. La hipótesis es la siguiente: un pH más alcalino (favorecido por una dieta rica en sodio y potasio) facilitaría el paso de los espermatozoides Y (los que originan niños), mientras que un pH más ácido (favorecido por calcio y magnesio) favorecería a los espermatozoides X (los que originan niñas).
Los autores afirman que su método, seguido con rigor durante al menos dos meses y medio antes del embarazo, tendría una eficacia del 87%. Sin embargo, esta cifra nunca ha sido validada en estudios clínicos controlados publicados en revistas con revisión por pares. La comunidad científica mantiene un escepticismo justificado: el pH vaginal fluctúa constantemente por múltiples factores, y los espermatozoides no seleccionan su camino en función de él de forma tan predecible.
Lo que sí determina el sexo del bebé
El sexo del bebé lo determina el cromosoma sexual del espermatozoide que fecunda al óvulo. Los óvulos siempre aportan el cromosoma X. Los espermatozoides pueden aportar X (niña) o Y (niño). En una fecundación natural, la probabilidad de cada opción es estadísticamente del 50%, aunque existen pequeñas variaciones biológicas en función de la edad del padre, el orden de nacimiento y otros factores que no son controlables.
Ningún alimento, postura o momento del ciclo ha demostrado de forma consistente modificar esa proporción. La variabilidad individual y el número de ciclos necesarios para que cualquier método no validado parezca funcionar explican por qué hay personas que creen haberlo conseguido.
El único método que garantiza la selección del sexo
La única técnica que permite seleccionar el sexo del embrión con certeza es el diagnóstico genético preimplantacional (DGP) combinado con fecundación in vitro. Mediante biopsia embrionaria, es posible identificar los cromosomas sexuales de cada embrión y transferir únicamente los del sexo deseado.
Sin embargo, en España la legislación vigente prohíbe la selección de embriones por sexo con fines no médicos. Solo está permitida cuando existe una enfermedad hereditaria ligada al cromosoma X, como la hemofilia o la distrofia muscular de Duchenne, donde conocer el sexo del embrión es necesario para evitar que el bebé nazca enfermo.
Si tienes dudas sobre el diagnóstico genético preimplantacional o sobre los tratamientos de fecundación in vitro disponibles en IMFER, nuestro equipo está disponible para explicarte todas las opciones.
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