Vivir con VIH ya no significa renunciar a la maternidad ni condenar al bebé a nacer con la infección. Gracias a los avances en el tratamiento antirretroviral y a los protocolos de seguimiento del embarazo, hoy es posible que una mujer seropositiva tenga un hijo sano con un riesgo de transmisión del virus inferior al 1%, siempre que el embarazo esté bien controlado desde el inicio.
Avances globales en la prevención de la transmisión vertical
Un informe de UNICEF titulado La infancia y el SIDA: un inventario de la situación 2013 mostró datos esperanzadores: entre 2005 y 2012 se evitaron más de 850.000 nuevas infecciones por VIH en recién nacidos a nivel mundial. En 2005 se estimaban unas 540.000 nuevas infecciones pediátricas al año; en 2012, esa cifra había bajado a 260.000. Una reducción de más del 50% en siete años.
Los mayores avances se produjeron en el África subsahariana, la región más afectada por la pandemia. En países como Ghana (-76%), Namibia (-58%) o Zimbabue (-55%) los descensos fueron especialmente notables, gracias a la extensión del acceso a los tratamientos antirretrovirales.
El tratamiento antirretroviral: clave para un embarazo seguro
El protocolo conocido como Opción B+ consiste en administrar una combinación de fármacos antirretrovirales en una sola pastilla diaria a las mujeres embarazadas con VIH. Este tratamiento tiene un doble objetivo: mantener la carga viral de la madre indetectable, lo que protege su propia salud, y eliminar prácticamente el riesgo de transmisión del virus al bebé durante el embarazo, el parto y la lactancia.
Cuando la carga viral materna es indetectable en el momento del parto, la probabilidad de transmisión al recién nacido es inferior al 0,5%. Esto convierte el tratamiento antirretroviral en la medida preventiva más eficaz disponible, muy por encima de cualquier otra intervención.
Reproducción asistida para parejas con VIH
En las parejas en las que solo uno de los miembros tiene VIH, existen técnicas de reproducción asistida que permiten lograr el embarazo sin riesgo de transmisión para el miembro seronegativo. En los casos en que es el varón quien tiene VIH, el lavado del semen permite separar los espermatozoides del plasma seminal, donde se concentra el virus, antes de utilizarlos en una inseminación artificial o en una fecundación in vitro.
En IMFER contamos con experiencia en el tratamiento de parejas serodiscordantes y colaboramos con las unidades de infectología para ofrecer un seguimiento integral. Si tienes dudas sobre cómo planificar un embarazo siendo portador o portadora del VIH, te invitamos a consultar con nuestro equipo. Puedes encontrar información sobre nuestros tratamientos de fertilidad en la guía completa de fecundación in vitro.
¿Tienes dudas sobre este tema? Consulta con nuestros especialistas en IMFER.
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