Durante muchos años, la lactancia materna fue desaconsejada de forma rutinaria en mujeres con esclerosis múltiple (EM), principalmente por dos motivos: el temor a que amamantar pudiera aumentar el riesgo de brotes durante el posparto —un período ya de por sí vulnerable para las pacientes con esta enfermedad— y la preocupación por la posible exposición del bebé a los fármacos inmunomoduladores que muchas mujeres con EM necesitan tomar. Sin embargo, la evidencia científica más reciente está cambiando este enfoque de manera significativa.
Lo que dicen los estudios más recientes
Los estudios publicados en los últimos años ofrecen una visión más optimista sobre la compatibilidad de la lactancia materna con la esclerosis múltiple. Varios trabajos de investigación han observado que las mujeres con EM que amamantan de forma exclusiva durante al menos dos meses tras el parto presentan tasas de brotes durante el primer año posparto similares o incluso inferiores a las de aquellas que no dan el pecho.
Una revisión sistemática publicada en la revista Neurology analiza los datos de múltiples cohortes de pacientes y concluye que la lactancia exclusiva puede tener un efecto protector sobre la actividad de la enfermedad en el posparto. Este efecto protector se atribuye en parte a la supresión de la ovulación y los cambios hormonales asociados a la lactancia, que podrían tener un impacto modulador sobre el sistema inmunitario.
No obstante, los propios autores reconocen que la causalidad es difícil de establecer: las mujeres con EM que tienen enfermedad más leve o con menor actividad previa al embarazo son también las que tienen más probabilidades de optar por la lactancia, lo que puede sesgar los resultados. La investigación en este campo continúa.
El problema de los fármacos durante la lactancia
Uno de los principales obstáculos para la lactancia en mujeres con EM es la medicación. Muchos de los fármacos utilizados en el tratamiento de la esclerosis múltiple no están autorizados durante la lactancia por el riesgo potencial de transferencia al bebé a través de la leche materna. Entre los tratamientos modificadores de la enfermedad más utilizados:
- Interferones beta: se consideran de bajo riesgo durante la lactancia debido a su escasa transferencia a la leche y su biodisponibilidad oral prácticamente nula en el bebé. Algunos protocolos los permiten durante la lactancia bajo supervisión estrecha.
- Acetato de glatiramer: tiene un perfil de seguridad favorable durante la lactancia y en algunos países se acepta su uso en madres lactantes.
- Natalizumab, fingolimod y otros agentes de alta eficacia: generalmente se desaconsejan durante la lactancia por datos insuficientes de seguridad o riesgo potencial de inmunosupresión en el bebé.
La decisión sobre si reiniciar o no el tratamiento tras el parto y si es compatible con la lactancia debe tomarse siempre de forma individualizada, en colaboración entre el neurólogo, el ginecólogo y, si es posible, el especialista en lactancia.
Cómo tomar una decisión informada
Para las mujeres con EM que desean dar el pecho, la clave está en la planificación prenatal. Lo ideal es que, antes del parto o incluso durante el embarazo, la paciente haya hablado con su equipo neurológico sobre las opciones de tratamiento compatibles con la lactancia y sobre el plan de actuación en caso de brote posparto.
Algunas mujeres optan por dar el pecho durante los primeros meses —especialmente de forma exclusiva— y luego reiniciar el tratamiento cuando el bebé ya puede recibir leche de fórmula. Esta estrategia permite aprovechar los potenciales beneficios de la lactancia sin renunciar al tratamiento inmunomodulador a largo plazo.
Lo importante es que la decisión no sea tomada por la paciente de forma aislada ni por el médico de forma paternalista, sino en un proceso compartido, informado y centrado en los valores y prioridades de cada mujer.
Conclusión
La lactancia materna en mujeres con esclerosis múltiple es posible en muchos casos, y la evidencia más reciente sugiere que puede incluso tener un efecto beneficioso sobre la actividad de la enfermedad en el posparto. Sin embargo, la compatibilidad con el tratamiento farmacológico debe evaluarse de forma individualizada con el equipo neurológico. Si tienes EM y estás pensando en un embarazo o acabas de dar a luz, no dejes de plantear esta cuestión con tu neurólogo: las opciones son más amplias de lo que solían creerse.
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