Fertilidad después del aborto

El aborto es la terminación del embarazo o la pérdida del producto fecundado entre un óvulo y un espermatozoide. Existen dos tipos de aborto:

  • Aborto involuntario o espontáneo, depende del momento en el que ocurra habrá que realizar un legrado (raspado de las paredes uterinas) para eliminar tejido innecesario o no.
  • Aborto voluntario: la madre decide no seguir con el embarazo, si no ocurre durante las ocho primeras semanas de embarazo habrá que realizar una cirugía.

A pesar de que sea una intervención quirúrgica y como tal tiene sus riesgos, los profesionales sanitarios señalan que esta actividad realizada en un ambiente esterilizado y por un médico adecuado es un procedimiento de bajo riesgo, y que cuanto más temprano se realice menor riesgo supondrá.

Fertilidad después de un aborto

Como hemos dicho en el apartado anterior, los profesionales sanitarios califican el aborto como un procedimiento de bajo riesgo en el cual la fertilidad debería recuperarse de inmediato sin tener trascendencia para posibles embarazos futuros, y que si todo sale bien, mediante una exploración ginecológica debería ser imposible conocer si una mujer ha tenido un aborto.

Sin embargo, como toda intervención quirúrgica, tendrá sus riesgos. Los instrumentos empleados para ello pueden rasgar las zonas del interior del aparato reproductor femenino causando hemorragias y provocando infertilidad cuando se produce:

  • Daño en el cérvix.
  • Desgarro en el útero.
  • Perforación en el útero.
  • Absceso dentro del abdomen que si no es tratado puede provocar enfermedad inflamatoria pélvica.

En el caso de que se realice un aborto quirúrgico, además de que exista riesgo de lesionar el útero, se podrían lesionar otros órganos como el intestino y la vejiga. En estos casos habrá que realizar una cirugía de más para reparar el órgano dañado. El riesgo de perforación o desgarro del cuello uterino es menos de 1 por cada 1000 abortos y este riesgo aumentará con el avance del embarazo.

En caso de que el proceso de gestación sea interrumpido de forma natural antes del quinto mes, se le califica como aborto espontáneo, y este tipo de aborto habrá que asociarlo a la fertilidad de la mujer, a un cambio anormal en los cromosomas del embrión que la mayoría de veces lleva a un bloqueo de este, o a la edad, ya que una mujer con más de 35 años tiene mayor riesgo de aborto. Así pues, en toda mujer que sufra un aborto, tanto ella como su pareja deberán cuestionarse su fertilidad, y para el médico será una preocupación cuando este tipo de abortos espontáneos ocurre entre dos o tres veces.

Aborto y embarazo

Así bien, el aborto podrá afectar a la fertilidad de la mujer e interferir a la hora de conseguir el embarazo en un futuro. Esto no ocurre con mucha frecuencia exceptuando los casos de aborto recurrente, que a pesar de que la principal causa es una malformación cromosómica, las múltiples dilataciones y los legrados reiterados que se realizan durante un aborto pueden producir cicatrices en la parte superior del cuello uterino o dentro del útero.

Sin embargo, aunque ese no sea el caso, hay que saber que cualquier procedimiento que dilate el cuello del útero (paso necesario durante la mayoría de los abortos) puede debilitarlo dando lugar a una insuficiencia cervicouterina o cuello incompetente, es decir, un cuello que se dilata antes de tiempo. En muchas ocasiones esto se soluciona realizando un cerclaje, procedimiento que consiste en mantener el cuello del útero cerrado con un punto de sutura.

No hay que olvidar que conseguir un positivo de embarazo es una muestra de que la mujer ovula y de que las trompas de Falopio no se encuentran obstruidas.

Fuente: reproduccionasistida.org

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