Desde tiempos inmemoriales, la pregunta sobre el sexo del futuro bebé ha despertado curiosidad, ilusión y, en algunos contextos históricos, una preocupación desproporcionada. La biología moderna ha explicado con precisión cómo se determina el sexo en el momento de la fecundación, y el protagonista de ese proceso es, inequívocamente, el espermatozoide. Comprender este mecanismo no solo satisface la curiosidad natural, sino que también ayuda a desmontar mitos populares y a entender el alcance —y los límites— de las tecnologías reproductivas actuales.
- El papel del cromosoma sexual en el espermatozoide
- ¿Son diferentes los espermatozoides X e Y?
- Factores que sí influyen en la proporción de nacimientos masculinos y femeninos
- Diagnóstico Genético Preimplantacional: la única forma fiable
- El sexo del bebé y la identidad de género: una distinción necesaria
- Conclusión: el azar y la ciencia
El papel del cromosoma sexual en el espermatozoide
Cada célula del cuerpo humano contiene 46 cromosomas: 44 autosomas y 2 cromosomas sexuales. En las mujeres, esos dos cromosomas sexuales son XX; en los hombres, XY. Cuando se producen los gametos (óvulos y espermatozoides) mediante el proceso de meiosis, cada célula resultante recibe solo la mitad del material genético: 23 cromosomas.
Los óvulos siempre contienen un cromosoma X, ya que la mujer solo tiene cromosomas X en su par sexual. Los espermatozoides, en cambio, pueden contener un cromosoma X o un cromosoma Y, en proporciones aproximadamente iguales. Por tanto, es el espermatozoide —y solo él— quien decide el sexo del futuro bebé:
- Si un espermatozoide X fecunda el óvulo, el embrión resultante será XX: una niña.
- Si un espermatozoide Y fecunda el óvulo, el embrión resultante será XY: un niño.
¿Son diferentes los espermatozoides X e Y?
Esta es una pregunta con mucha historia científica. Durante décadas se postuló que los espermatozoides portadores del cromosoma Y eran más rápidos pero menos resistentes, mientras que los X serían más lentos pero más longevos. Estos argumentos sirvieron de base a numerosos métodos populares para «influir» en el sexo del bebé, como el método Shettles, que recomienda el momento del coito respecto a la ovulación.
Sin embargo, la evidencia científica rigurosa no respalda estas diferencias de forma concluyente. Los estudios más recientes, con metodología robusta, no han encontrado diferencias significativas en la velocidad o supervivencia entre espermatozoides X e Y en condiciones fisiológicas normales. En consecuencia, tampoco existe respaldo científico sólido para los métodos caseros de selección de sexo.
Factores que sí influyen en la proporción de nacimientos masculinos y femeninos
A nivel poblacional, la proporción de nacimientos masculinos y femeninos es cercana al 50/50, con ligeras variaciones. Se ha observado que ciertos factores pueden influir en esta proporción de forma estadística:
- Estrés ambiental o social: algunos estudios han documentado un ligero descenso en la ratio de nacimientos masculinos tras grandes catástrofes o períodos de intensa incertidumbre social.
- Condiciones médicas del padre: ciertas alteraciones en el semen pueden afectar la proporción de espermatozoides X e Y funcionales.
- Edad materna: existe una débil asociación entre mayor edad materna y mayor proporción de niñas, aunque los mecanismos no están completamente aclarados.
En ningún caso estos factores permiten a una pareja individual controlar el sexo de su bebé mediante ajustes en el estilo de vida o el momento del coito.
Diagnóstico Genético Preimplantacional: la única forma fiable
En el ámbito de la reproducción asistida, existe una técnica que sí permite conocer el sexo del embrión antes de su transferencia: el Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP o PGT). Esta prueba analiza una o varias células del embrión en el laboratorio de FIV antes de que sea transferido al útero, determinando su composición cromosómica completa.
El DGP se utiliza clínicamente para:
- Detectar anomalías cromosómicas (trisomías, monosomías) que podrían impedir el embarazo o asociarse a enfermedades graves.
- Identificar enfermedades genéticas ligadas al cromosoma X, en las que conocer el sexo del embrión es clínicamente relevante.
- Mejorar las tasas de implantación seleccionando los embriones con mayor viabilidad.
En España, la legislación de reproducción asistida prohíbe la selección de sexo por razones no médicas (sin justificación clínica o genética). Esta restricción existe para prevenir un uso discriminatorio de la tecnología y es coherente con los estándares bioéticos internacionales.
El sexo del bebé y la identidad de género: una distinción necesaria
Es importante aclarar que el sexo cromosómico (XX o XY) no determina de forma automática la identidad de género de la persona. La identidad de género es un aspecto complejo de la experiencia humana que va mucho más allá de la genética y que está influido por factores biológicos, psicológicos y sociales. Esta distinción, bien establecida en la medicina y la psicología actuales, debe tenerse en cuenta al hablar de «selección de sexo».
Conclusión: el azar y la ciencia
La determinación del sexo en la fecundación natural es un proceso probabilístico y aleatorio. Ningún método natural garantiza el sexo del bebé. Solo el DGP, en el contexto de la reproducción asistida y con indicación médica justificada, permite saberlo antes de la implantación.
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