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La lucha contra la infertilidad no es un fenómeno moderno. Desde que el ser humano tomó conciencia de su propia reproducción, la dificultad para concebir ha sido fuente de angustia, búsqueda de soluciones y creación de rituales. En la antigua Roma, una de las civilizaciones más complejas y documentadas de la historia, la infertilidad era un asunto de primer orden: afectaba a la herencia, al honor familiar, a los pactos políticos y a la relación de los ciudadanos con sus dioses. Explorar cómo los romanos entendían y abordaban la infertilidad nos ofrece una perspectiva fascinante sobre la historia de la medicina reproductiva y, de paso, nos recuerda que este es un problema tan antiguo como la humanidad misma.

Los dioses romanos de la fertilidad: entre la devoción y la desesperación

En Roma, la capacidad de procrear estaba íntimamente ligada a la voluntad divina. Las parejas que deseaban tener hijos acudían a numerosas divinidades en busca de intercesión. Juno, diosa del matrimonio y protectora de las mujeres, era invocada en los rituales de fertilidad, y su fiesta, las Matronalia, celebrada el 1 de marzo, honraba precisamente la maternidad y la fecundidad femenina. Libera y Liber Pater, asociados a la fertilidad de la tierra y de los seres vivos, recibían ofrendas de quienes deseaban descendencia.

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Pero quizás el ritual más llamativo relacionado con la fertilidad romana eran las Lupercalia, celebradas el 15 de febrero. En esta festividad, los lupercos (sacerdotes del dios Lupercus) corrían semidesnudos por las calles de Roma golpeando a las mujeres con tiras de piel de cabra llamadas februa. Se creía que este golpeo curaba la esterilidad y propiciaba los embarazos. Las mujeres que deseaban quedarse embarazadas se colocaban voluntariamente en el camino de los lupercos para recibir los golpes.

Janus, Opis y la propia Venus completaban el panteón de divinidades a las que los romanos recurrían en sus plegarias reproductivas. Los templos de estos dioses recibían ofrendas de toda índole: estatuillas de arcilla con formas de úteros o falos, exvotos, animales sacrificados.

Los remedios médicos romanos contra la esterilidad

Junto a los rituales religiosos, los romanos desarrollaron también un cuerpo de conocimiento médico sobre la fertilidad, heredero en parte de la tradición griega de Hipócrates y enriquecido por autores como Galeno, Sorano de Éfeso y Celso. Sus teorías sobre la causa de la infertilidad eran, naturalmente, imprecisas desde la perspectiva actual, pero algunos de sus razonamientos denotan una observación clínica notable para su época.

Sorano, en su obra Gynecology, describía la esterilidad femenina atribuyéndola a causas como el exceso o defecto de menstruación, la estrechez del orificio uterino, el endurecimiento o la frialdad del útero. Sus recomendaciones terapéuticas incluían:

  • Baños calientes y masajes abdominales para «calentar el útero».
  • Aplicación local de aceites, vinos y hierbas con supuestas propiedades estimulantes de la fertilidad (mirto, artemisa, ciprés).
  • Dietas específicas ricas en determinados alimentos considerados «fecundantes».
  • Relaciones sexuales en los días siguientes a la menstruación, que intuitivamente asociaban con mayor probabilidad de concepción (aunque su explicación difería de la moderna).
  • Fumigaciones vaginales con diversas sustancias aromáticas.

En cuanto a la infertilidad masculina, los autores romanos la reconocían, aunque tendían a atribuirla con más frecuencia al temperamento o a la debilidad del semen. Remedios como el consumo de determinadas plantas, el vino especiado o los testículos de animales (en una lógica de magia simpática) eran prescritos para mejorar la virilidad y la capacidad fecundante del varón.

Del mito a la ciencia: lo que hemos aprendido en dos milenios

La distancia entre los remedios romanos y la medicina reproductiva actual es abismal, pero el impulso humano que los motiva es exactamente el mismo: el deseo profundo de tener descendencia. Hoy sabemos que la infertilidad afecta por igual a hombres y mujeres (aproximadamente en un 40% de los casos la causa es masculina, en otro 40% femenina y en el 20% restante hay factores combinados o sin causa aparente). Disponemos de herramientas diagnósticas precisas —análisis hormonales, ecografías 3D, seminogramas con fragmentación del ADN espermático, estudios genéticos— que permiten identificar la causa en la mayoría de los casos.

Y disponemos de tratamientos eficaces. Desde la inseminación artificial hasta la FIV, pasando por la donación de gametos, el diagnóstico genético preimplantacional o la cirugía reproductiva. Lo que para un romano del siglo I d.C. era un misterio divino, hoy es, en la mayoría de los casos, un problema médico con solución.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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