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El virus del papiloma humano (VPH) es la infección de transmisión sexual más frecuente en el mundo. Se estima que entre el 70 y el 80% de las personas sexualmente activas se infectarán por algún genotipo del VPH a lo largo de su vida, aunque la mayoría lo eliminarán de forma natural sin desarrollar ninguna enfermedad. Sin embargo, durante el embarazo, la infección por VPH presenta particularidades que conviene conocer, tanto por su posible impacto sobre la gestación como por los riesgos de transmisión al bebé durante el parto.

En este artículo ofrecemos una visión completa y rigurosa de lo que significa tener VPH durante el embarazo, qué riesgos reales existen, cómo se diagnostica y maneja la infección en este período y qué deben saber las mujeres embarazadas (o que buscan el embarazo) sobre esta infección.

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Qué es el VPH y cómo afecta al organismo

El VPH es una familia de más de 200 genotipos virales diferentes. Desde el punto de vista clínico, se clasifican en dos grandes grupos:

  • Genotipos de bajo riesgo oncogénico: especialmente el VPH 6 y el VPH 11, responsables de las verrugas genitales (condilomas acuminados) y de la papilomatosis laríngea recurrente. No producen cáncer.
  • Genotipos de alto riesgo oncogénico: principalmente el VPH 16 y el VPH 18, responsables de la mayoría de los cánceres de cuello uterino y de una parte importante de los cánceres de vagina, vulva, ano, pene y orofaringe. También se asocian con lesiones precancerosas cervicales (CIN).

La infección por VPH es generalmente asintomática. El sistema inmune de la mayoría de las personas (cerca del 90%) elimina el virus de forma espontánea en uno o dos años. En quienes el virus persiste, puede provocar las alteraciones celulares que eventualmente llevan a lesiones precancerosas o cancerosas, un proceso que suele llevar años o décadas.

VPH y embarazo: ¿qué riesgos existen?

La mayoría de las mujeres con infección por VPH tienen embarazos completamente normales. Sin embargo, el embarazo produce cambios inmunológicos y hormonales que pueden influir en el comportamiento del virus:

  • Mayor tamaño de los condilomas: los cambios hormonales del embarazo pueden hacer que las verrugas genitales preexistentes crezcan de tamaño. En casos excepcionales, condilomas muy voluminosos pueden dificultar el parto vaginal.
  • Cambios en las lesiones cervicales: las lesiones cervicales por VPH pueden progresar o regresar durante el embarazo. El seguimiento citológico y colposcópico durante la gestación es fundamental en mujeres con lesiones conocidas.
  • Transmisión vertical al bebé: existe un pequeño riesgo de transmisión del VPH de la madre al bebé durante el parto. La ruta más documentada es el contacto con secreciones del canal del parto. La transmisión puede provocar en el recién nacido una infección denominada papilomatosis laríngea juvenil recurrente (PLJR), una condición rara pero grave que produce verrugas en la laringe del niño y puede comprometer la respiración.

La PLJR es muy poco frecuente. Se estima que ocurre en aproximadamente 1 de cada 400 partos de madres con condilomas activos. Su rareza hace que la cesárea no se recomiende de forma rutinaria para mujeres con infección por VPH, salvo en casos en que los condilomas sean tan grandes que obstruyan el canal del parto.

Diagnóstico y seguimiento durante el embarazo

El diagnóstico del VPH en el embarazo puede realizarse de varias formas:

  • Citología cervical (Papanicolaou): detecta cambios celulares asociados al VPH en el cuello uterino. Forma parte del cribado ginecológico rutinario y puede realizarse durante el embarazo.
  • Test de VPH: detecta el ADN viral y permite identificar el genotipo. Se realiza habitualmente en combinación con la citología en mujeres de 30 o más años, o como prueba de seguimiento tras una citología alterada.
  • Colposcopia: exploración visual amplificada del cuello uterino, indicada cuando la citología o el test de VPH muestran alteraciones. Puede realizarse con seguridad durante el embarazo.
  • Biopsia cervical: se realiza cuando la colposcopia identifica lesiones sospechosas. En el embarazo, se hace solo si es imprescindible para el diagnóstico, dado el mayor riesgo de sangrado.

Es importante saber que el tratamiento definitivo de las lesiones precancerosas cervicales (escisión con asa de diatermia, conización) se pospone habitualmente al postparto, ya que muchas lesiones regresan espontáneamente durante el embarazo y el postparto, y los procedimientos sobre el cuello uterino durante la gestación conllevan riesgo de parto prematuro.

El papel de la vacunación frente al VPH

La vacuna frente al VPH es una de las intervenciones preventivas más eficaces disponibles en medicina. Las vacunas actuales protegen frente a los genotipos de mayor riesgo (especialmente el 16 y el 18) y frente a los genotipos causantes de condilomas (6 y 11). La vacunación sistemática de adolescentes, tanto chicas como chicos, antes del inicio de las relaciones sexuales es la estrategia de mayor impacto en la prevención del cáncer de cuello uterino.

La vacuna no está recomendada durante el embarazo, no porque se haya demostrado que sea perjudicial, sino porque los estudios de seguridad en gestantes son limitados. Si una mujer embarazada recibe la vacuna sin saberlo, no es necesario interrumpir el embarazo, pero sí se recomienda completar la pauta vacunal después del parto.

Conclusión

El VPH es una infección muy frecuente que en la gran mayoría de los casos no tiene consecuencias graves durante el embarazo. El seguimiento ginecológico adecuado, la realización de las pruebas de cribado recomendadas y el manejo individualizado de las lesiones son las claves para garantizar un embarazo seguro en mujeres con infección por VPH. La vacunación previa al embarazo es la mejor forma de prevención. Ante cualquier duda, la consulta con el especialista es siempre el primer paso.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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