En la mayor parte de los embarazos, la placenta se implanta en la cara anterior o posterior del útero, bien alejada del cuello. Pero en aproximadamente 1 de cada 200 embarazos, la placenta se coloca en la parte baja del útero, cerca o directamente sobre el orificio cervical interno. Eso es la placenta previa, y aunque el diagnóstico puede asustar, entender bien qué implica —y qué no implica— ayuda mucho a afrontarlo con la calma que merece.
- Tipos de placenta previa
- Por qué se produce: causas y factores de riesgo
- Síntomas: el sangrado que no duele
- Diagnóstico y seguimiento durante el embarazo
- ¿Qué puedo y qué no puedo hacer con placenta previa?
- El parto con placenta previa
- Preguntas frecuentes sobre la placenta previa
- Me han dicho que tengo la placenta baja en la semana 20, ¿es lo mismo que placenta previa?
- ¿La placenta previa pone en riesgo al bebé?
- ¿Puedo trabajar si tengo placenta previa?
- ¿Puedo tener más hijos después de una cesárea por placenta previa?
Tipos de placenta previa
No todas las placentas previas son iguales ni requieren el mismo manejo. La clasificación más utilizada distingue dos grandes grupos:
- Placenta previa oclusiva (o mayor): cubre completamente el orificio interno del cuello uterino. En este caso el bebé no puede salir por el canal del parto, por lo que la cesárea es obligatoria. Es la forma más grave y la que requiere mayor vigilancia.
- Placenta previa no oclusiva (o menor): la placenta está próxima al cuello pero sin taparlo. Dependiendo de la distancia exacta al orificio —que se mide en milímetros con ecografía transvaginal—, puede permitir un parto vaginal bajo vigilancia estrecha o hacer aconsejable la cesárea programada.
Existe también el término «placenta baja», que se usa cuando la placenta está próxima al cuello pero sin llegar a los criterios de previa. En muchos casos esta situación se resuelve sola: conforme el útero crece durante el segundo y tercer trimestre, la placenta se desplaza hacia arriba. Por eso el diagnóstico definitivo nunca se hace antes de la semana 32-34.
Por qué se produce: causas y factores de riesgo
La placenta se implanta donde el embrión se ancla al endometrio. Cuando ese anclaje ocurre en la zona baja del útero, el resultado es una placenta previa. No siempre hay una causa identificable, pero sí existen factores que aumentan la probabilidad:
- Cesáreas previas: la cicatriz en el útero puede condicionar la implantación en zonas bajas y es el factor de riesgo más relevante. A más cesáreas previas, mayor es el riesgo.
- Otras cirugías uterinas: legrados, miomectomías o cualquier intervención que haya dejado cicatriz en el útero.
- Embarazo múltiple: una placenta más grande tiene más probabilidades de alcanzar el segmento inferior.
- Edad materna avanzada: el riesgo aumenta a partir de los 35 años.
- Tabaquismo: el tabaco altera la implantación placentaria y se asocia a placentas previas y de inserción baja.
- Antecedente de placenta previa: si ocurrió en un embarazo anterior, el riesgo de repetición es mayor.
Síntomas: el sangrado que no duele
El síntoma más característico de la placenta previa es el sangrado vaginal indoloro en el tercer trimestre, habitualmente de aparición brusca, sin contracción uterina previa y de color rojo brillante. Puede ser escaso o abundante, y tiende a repetirse.
La ausencia de dolor es precisamente lo que lo diferencia del desprendimiento de placenta, donde el sangrado suele ir acompañado de dolor intenso y rigidez abdominal. Con placenta previa el útero no duele porque no hay desprendimiento: es la propia localización de la placenta la que provoca el sangrado cuando el segmento uterino inferior empieza a distenderse.
Ante cualquier sangrado durante el embarazo, acude a urgencias de inmediato. No esperes a ver si se detiene solo. En la mayoría de los casos el sangrado cede y el bebé está bien, pero la valoración médica es siempre necesaria.
Diagnóstico y seguimiento durante el embarazo
La placenta previa se detecta habitualmente en la ecografía morfológica del segundo trimestre (semana 20). Si en esa exploración la placenta aparece baja o próxima al cuello, se programa una ecografía transvaginal de control —que es la más precisa para medir la distancia exacta— entre las semanas 28 y 32.
En muchos casos la situación se resuelve sola: al crecer el útero, la placenta se aleja del cuello y en el tercer trimestre ya no hay problema. Solo cuando la placenta sigue siendo previa pasada la semana 32-34 se considera que el diagnóstico es definitivo y se planifica el manejo del parto.
Si hay episodios de sangrado, el seguimiento se intensifica: puede incluir hospitalizaciones para control, restricción de actividad física y en algunos casos maduración pulmonar del bebé con corticoides si el parto prematuro parece probable.
¿Qué puedo y qué no puedo hacer con placenta previa?
Este es el aspecto práctico que más preocupa a las mujeres a las que se les diagnostica esta situación. Las recomendaciones varían según el tipo de previa y si hay sangrado o no, pero en términos generales:
- Reposo relativo: no se indica reposo absoluto en todos los casos, pero sí evitar el esfuerzo físico intenso, las actividades de impacto y los viajes largos.
- Abstinencia sexual: las relaciones sexuales están contraindicadas mientras exista placenta previa confirmada, porque la penetración puede desencadenar sangrado.
- Evitar exploraciones vaginales digitales: cualquier tacto vaginal debe evitarse fuera del ámbito hospitalario con vigilancia.
- Tener claro adónde ir si sangras: lo más práctico es saber de antemano cuál es el hospital de referencia y tener una bolsa preparada desde el tercer trimestre.
El parto con placenta previa
Si la placenta previa es oclusiva, la cesárea programada es la única opción segura. Suele planificarse entre las semanas 36 y 37, aunque si hay sangrado activo puede adelantarse. La decisión de la semana exacta depende del estado de la madre, la madurez del bebé y la evolución clínica.
En las formas no oclusivas, si la distancia entre el borde placentario y el orificio cervical es suficiente, puede intentarse un parto vaginal con monitorización continua. Sin embargo, muchos equipos obstetras optan por la cesárea programada también en estos casos para evitar el riesgo de hemorragia durante el trabajo de parto.
Una complicación grave, aunque poco frecuente, es el acretismo placentario: cuando la placenta no solo está mal ubicada sino que además invade de forma anormal la pared uterina. El riesgo de acretismo es mayor en mujeres con cicatrices uterinas previas y placenta anterior. Cuando se sospecha, el parto debe planificarse en un centro con equipo especializado y disponibilidad de cirugía compleja.
Preguntas frecuentes sobre la placenta previa
Me han dicho que tengo la placenta baja en la semana 20, ¿es lo mismo que placenta previa?
No exactamente. En la semana 20 es frecuente que la placenta esté baja, y en la mayoría de los casos sube sola conforme crece el útero. El diagnóstico definitivo de placenta previa solo se hace a partir de la semana 32-34. Si tu ecografía del segundo trimestre muestra placenta baja o próxima al cuello, tu ginecólogo programará una revisión posterior para confirmar si ha subido o si persiste la situación.
¿La placenta previa pone en riesgo al bebé?
El principal riesgo para el bebé es la prematuridad si el sangrado obliga a adelantar el parto. En ausencia de complicaciones graves y con un seguimiento adecuado, la mayoría de los bebés nacidos con este diagnóstico lo hacen en buen estado. El equipo médico ajustará el momento y la vía del parto para minimizar ese riesgo.
¿Puedo trabajar si tengo placenta previa?
Depende del tipo de trabajo y del grado de previa. En trabajos sedentarios y sin episodios de sangrado, muchas mujeres pueden seguir trabajando con precauciones. En trabajos que implican esfuerzo físico o estar de pie muchas horas, el médico puede recomendar la baja laboral. Habla con tu ginecólogo para que valore tu situación concreta.
¿Puedo tener más hijos después de una cesárea por placenta previa?
Sí. La mayoría de las mujeres que pasan por una cesárea por placenta previa pueden tener embarazos posteriores sin problema. Lo que sí debe tenerse en cuenta es que la cicatriz uterina aumenta el riesgo de placenta previa y acretismo en futuros embarazos, por lo que el control prenatal deberá ser especialmente cuidadoso desde el inicio.
Si te han diagnosticado placenta baja o previa, lo más importante es mantener el seguimiento con tu equipo médico y no minimizar ningún sangrado. Con vigilancia adecuada, la mayoría de los embarazos con placenta previa llegan a buen puerto.
También puede interesarte: rotura de la bolsa amniótica: cómo identificarla y el líquido amniótico y sus alteraciones.
¿Tienes dudas sobre tu embarazo? Consulta con nuestros especialistas en IMFER.
Nuestros especialistas en reproducción asistida pueden ayudarte.



Sin comentarios