Cuando una pareja lleva meses intentando quedarse embarazada sin éxito, suele ser la mujer quien da el primer paso y busca ayuda médica. No es una cuestión de que ellas se preocupen más, sino de que históricamente la fertilidad ha sido asociada casi exclusivamente con la mujer, y eso pesa. Muchos hombres sienten que el problema «no va con ellos» hasta que la evidencia médica demuestra lo contrario. Y esa evidencia llega con más frecuencia de lo que se piensa.
El factor masculino está presente en aproximadamente el 25-30% de los casos de infertilidad en pareja, y cuando se suman los casos en los que hay un factor mixto (problemas tanto en él como en ella), el porcentaje asciende aún más. Sin embargo, en muchas consultas el primer estudio completo se hace solo a la mujer, retrasando el diagnóstico y, con él, el tratamiento adecuado. Hablar de esto abiertamente, sin tabúes, es parte de lo que permite a las parejas avanzar de forma más eficiente.
Este artículo aborda por qué el abordaje de la infertilidad en pareja debe ser exactamente eso, una cuestión de pareja, y cómo el diálogo, el estudio simultáneo de ambos miembros y el apoyo mutuo marcan la diferencia tanto en el proceso diagnóstico como en el emocional.
Por qué la infertilidad sigue siendo «cosa de mujeres» en el imaginario colectivo
Durante siglos, la capacidad de concebir fue atribuida casi exclusivamente a la mujer. El hombre que no tenía hijos «no era infértil», simplemente «no tenía suerte». Ese legado cultural sigue presente hoy, aunque de forma más sutil. Muchos hombres sienten que acudir a una consulta de fertilidad implica poner en cuestión su masculinidad, y eso genera resistencia a someterse a pruebas básicas como el seminograma.
El seminograma es la prueba más sencilla, económica y rápida para evaluar el factor masculino. Analiza parámetros como la concentración de espermatozoides, la motilidad (capacidad de movimiento), la morfología (forma) y el volumen del eyaculado. Según los criterios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se considera normal una concentración de al menos 16 millones de espermatozoides por mililitro, con una motilidad progresiva del 30% y una morfología normal del 4% siguiendo los criterios de Kruger. Cuando alguno de estos parámetros está alterado, hablamos de oligozoospermia (poca cantidad), astenozoospermia (poca motilidad) o teratozoospermia (mala morfología).
Lo que muchas parejas no saben es que el seminograma debería solicitarse desde la primera visita, simultáneamente a las pruebas iniciales de la mujer. No hacerlo así puede significar meses de estudios femeninos antes de descubrir que el problema principal estaba en el factor masculino.
Cómo afecta el factor masculino a la elección del tratamiento
El resultado del seminograma tiene un impacto directo en el tipo de tratamiento que se recomienda a la pareja. Si la motilidad y la concentración son adecuadas, una inseminación artificial intrauterina puede ser suficiente para ayudar a los espermatozoides a llegar al óvulo. Pero si los parámetros están significativamente alterados, la fecundación in vitro con ICSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoide) puede ser la única opción viable para lograr la fecundación.
En casos de azoospermia (ausencia total de espermatozoides en el eyaculado), existen técnicas de recuperación quirúrgica como la TESE o la microTESE que permiten obtener espermatozoides directamente del testículo. Estos procedimientos, aunque más invasivos, abren la puerta a la paternidad biológica en situaciones que hasta hace pocas décadas se consideraban sin solución.
Hablar con la pareja sobre la infertilidad: claves para hacerlo bien
Uno de los mayores retos de la infertilidad no es médico, sino emocional y comunicativo. Las parejas que afrontan dificultades para concebir pueden experimentar una presión enorme que, si no se gestiona bien, daña la relación. La frustración, el duelo por cada ciclo fallido, la sensación de que el tiempo corre y el miedo al fracaso son emociones que ambos miembros de la pareja sienten, aunque las expresen de formas muy distintas.
Iniciar la conversación sobre la infertilidad con la pareja desde un lugar de «esto nos pasa a los dos» y no de búsqueda de culpables es fundamental. El factor masculino no es un fallo del hombre, igual que una reserva ovárica baja no es un fallo de la mujer. Son realidades médicas que tienen soluciones médicas, y afrontarlas juntos mejora no solo el resultado del tratamiento, sino también el bienestar de la pareja durante el proceso.
Muchos especialistas en reproducción asistida recomiendan que ambos miembros de la pareja acudan juntos a las consultas, especialmente en las primeras visitas donde se explican las opciones de tratamiento. Escuchar la misma información al mismo tiempo evita malentendidos y permite que las decisiones se tomen de forma compartida.
El papel del apoyo psicológico en el proceso
Los centros de reproducción asistida que trabajan con rigor incluyen apoyo psicológico como parte del tratamiento, no como un recurso de emergencia. La ansiedad ante los resultados, el impacto de los tratamientos hormonales en el estado de ánimo de la mujer y la sensación de pérdida de control son aspectos que afectan profundamente a las parejas en tratamiento.
Según estudios publicados en revistas especializadas como Human Reproduction, las parejas que reciben apoyo psicológico durante los tratamientos de reproducción asistida muestran menores niveles de abandono y, en algunos estudios, mejores tasas de embarazo. La conexión entre el estado emocional y la respuesta fisiológica al tratamiento es un área de investigación activa, pero lo que ya es claro es que cuidar el bienestar emocional de la pareja es parte del protocolo médico.
Cuándo pedir ayuda
La recomendación general es consultar a un especialista en fertilidad si después de 12 meses de relaciones sexuales regulares sin uso de anticonceptivos no se ha logrado el embarazo. Este plazo se reduce a 6 meses si la mujer tiene más de 35 años, y a cualquier momento si existen antecedentes conocidos de problemas de fertilidad en alguno de los dos miembros de la pareja.
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