El parto en el agua ha ganado popularidad en las últimas dos décadas, impulsado por el deseo de muchas mujeres de vivir el parto de forma más natural y con menos intervenciones médicas. Sin embargo, las principales asociaciones científicas de obstetricia y pediatría han matizado considerablemente los beneficios de esta práctica y han señalado riesgos que conviene conocer antes de tomar una decisión.
Qué dice la ciencia sobre el uso del agua en el parto
La Asociación Americana de Pediatría (AAP) y el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) publicaron un documento conjunto que distingue claramente entre dos fases del parto y el uso del agua en cada una de ellas:
Primera fase del parto (dilatación): la inmersión en agua caliente durante la primera fase puede reducir la percepción del dolor, disminuir la necesidad de analgesia epidural y, en algunos estudios, acortar la duración del trabajo de parto. Estos beneficios son moderados pero documentados, y en general las asociaciones los consideran aceptables cuando se dan en condiciones controladas.
Segunda fase del parto (expulsivo): aquí el panorama cambia. El parto propiamente dicho bajo el agua, es decir, el nacimiento del bebé dentro de la piscina, no ha demostrado beneficios para la madre ni para el bebé, pero sí se ha asociado con riesgos potencialmente graves. Los riesgos identificados incluyen infecciones maternas y neonatales, dificultad para controlar el bienestar fetal, daños en el cordón umbilical durante la extracción del bebé y, en los casos más graves, problemas respiratorios o asfixia neonatal.
La posición de las autoridades sanitarias
Tanto la AAP como el ACOG consideran que el parto acuático (nacimiento bajo el agua) debe ser tratado como un procedimiento experimental hasta que existan ensayos clínicos controlados que demuestren su seguridad y eficacia. Esto significa que, si una mujer desea realizarlo, debe hacerlo dentro de un protocolo clínico con consentimiento informado explícito y con todas las medidas de monitorización del bienestar fetal disponibles.
Lo que sí está más aceptado es el uso de la bañera o piscina de parto durante la fase de dilatación como método de alivio del dolor, con la condición de que la mujer pueda salir del agua para el momento del expulsivo si así lo decide el equipo obstétrico.
Cómo tomar una decisión informada
Si estás valorando un parto en el agua, estos son los aspectos que debes considerar:
- Habla con tu ginecólogo u obstetra sobre tu historial obstétrico. Hay situaciones en que el parto acuático no está indicado, como embarazos de riesgo, partos prematuros, presentaciones fetales anómalas o necesidad de monitorización continua.
- Infórmate sobre los protocolos del centro donde planeas dar a luz: ¿tienen piscina de parto? ¿Con qué frecuencia se utiliza? ¿Qué medidas de seguridad tienen establecidas?
- Mantén una mente abierta al cambio de plan. El parto puede evolucionar de formas inesperadas y lo que parecía ideal puede dejar de serlo en el momento real.
En IMFER acompañamos a nuestras pacientes a lo largo de todo el proceso: desde el tratamiento de reproducción asistida hasta el seguimiento del embarazo y la preparación para el parto. Si tienes dudas sobre las opciones de parto disponibles, nuestro equipo puede orientarte.
Puedes leer mas sobre este tema en nuestra guia sobre fertilidad y maternidad.
¿Tienes dudas sobre este tema? Consulta con nuestros especialistas en IMFER.
También puede interesarte: Presión social y maternidad: el reloj biológico entre la… y Parto natural vs. cesárea: ventajas, desventajas y cómo tomar….
Nuestros especialistas en reproducción asistida pueden ayudarte.



Sin comentarios