El parto vaginal es un proceso fisiológico extraordinario, pero también un esfuerzo físico de gran intensidad que puede dejar su huella en el cuerpo de la mujer. Las lesiones perineales durante el parto son una realidad frecuente que afecta a una proporción significativa de mujeres que dan a luz por vía vaginal. Conocer qué tipos de lesiones pueden producirse, cuáles son sus causas y cómo evoluciona su recuperación es fundamental para que las mujeres puedan afrontar este proceso con información y sin alarma innecesaria.
Tipos de lesiones perineales en el parto
Las lesiones del suelo pélvico y del periné durante el parto se clasifican en desgarros y episiotomía. Los desgarros perineales son laceraciones espontáneas de los tejidos que ocurren durante el período expulsivo del parto, cuando la cabeza del bebé atraviesa el canal del parto. Se clasifican en cuatro grados según su profundidad:
- Grado I: Afectan solo a la piel y a la mucosa vaginal superficial. Son los más frecuentes y los menos graves. Pueden no requerir sutura.
- Grado II: Implican también la musculatura del periné, aunque respetan el esfínter anal. Son los desgarros más comunes que requieren sutura.
- Grado III: Afectan al esfínter anal externo y, en algunos casos, también al interno. Su reparación requiere técnica quirúrgica específica.
- Grado IV: Implican una extensión de la lesión hasta la mucosa rectal. Son los más graves y los menos frecuentes.
La episiotomía es una incisión quirúrgica practicada por el profesional sanitario en el periné para ampliar la salida vaginal y facilitar el paso del bebé. Durante décadas fue una práctica rutinaria en los partos hospitalarios, pero la evidencia científica acumulada ha demostrado que su uso sistemático no es beneficioso y que debe reservarse para situaciones específicas en las que realmente es necesaria, como el riesgo inminente de desgarro grave o la necesidad de acelerar el expulsivo por sufrimiento fetal.
Además de las lesiones perineales, el parto vaginal puede producir otras lesiones menos visibles pero igualmente relevantes: el debilitamiento del suelo pélvico puede provocar incontinencia urinaria o fecal a corto o largo plazo, especialmente si ha habido lesión del esfínter anal o de la musculatura del suelo pélvico. El prolapso de órganos pélvicos, aunque suele manifestarse años después del parto, también tiene una relación directa con las lesiones sufridas durante el mismo.
Factores de riesgo y recuperación
Existen varios factores que aumentan el riesgo de sufrir lesiones perineales durante el parto. El tamaño y la posición del bebé son determinantes: un bebé macrosómico o en posición occipitoposterior (mirando hacia arriba en lugar de hacia abajo) está asociado con mayor riesgo de desgarro grave. El uso de instrumentos —fórceps o ventosa— para asistir el expulsivo también incrementa el riesgo de lesión perineal. Ser primípara —tener el primer parto— es otro factor de riesgo bien establecido, ya que el tejido perineal no ha sido previamente distendido.
La protección activa del periné durante el expulsivo, mediante técnicas como el apoyo manual, la desaceleración controlada de la salida de la cabeza y las posiciones de parto que reducen la presión sobre el periné, ha demostrado ser eficaz para reducir la incidencia y la gravedad de los desgarros. La preparación perineal prenatal mediante masaje perineal realizado por la propia mujer a partir de la semana 34 de gestación también ha mostrado beneficios en estudios clínicos.
La recuperación de las lesiones perineales depende fundamentalmente del grado de la lesión. Los desgarros superficiales y las episiotomías suelen cicatrizar bien en dos a cuatro semanas con cuidados adecuados: higiene de la zona, analgesia apropiada y reposo relativo. Los desgarros de grado III y IV requieren un seguimiento más prolongado y pueden dejar secuelas funcionales como incontinencia fecal o dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales) que necesitan tratamiento específico.
La fisioterapia del suelo pélvico es fundamental en la recuperación postparto, especialmente cuando ha habido lesiones significativas. Los ejercicios de rehabilitación del suelo pélvico ayudan a recuperar la fuerza y el tono muscular, previenen la incontinencia urinaria y mejoran la función sexual. Se recomienda comenzar la rehabilitación después de la revisión postparto, generalmente a partir de las seis semanas del parto.
Conclusión
Las lesiones durante el parto natural son frecuentes pero generalmente tratables. Una atención obstétrica cuidadosa puede reducir su incidencia y gravedad, y la rehabilitación del suelo pélvico es clave para una recuperación completa. No es necesario resignarse a las secuelas: consultar con especialistas marca la diferencia.
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