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El parto es uno de los acontecimientos más universales y atemporales de la experiencia humana. Desde los primeros homínidos hasta las mujeres que dan a luz hoy en los modernos hospitales equipados con la tecnología más avanzada, el proceso de traer una nueva vida al mundo ha sido siempre el centro de la experiencia reproductiva humana. Sin embargo, la forma en que este proceso se vive, se atiende y se interpreta ha cambiado radicalmente a lo largo de los siglos, reflejando las transformaciones culturales, científicas y sociales de cada época.

El parto en las sociedades preindustriales

Durante la mayor parte de la historia humana, el parto fue un acontecimiento eminentemente doméstico y femenino. Las mujeres daban a luz en sus hogares, asistidas por comadronas o parteras, mujeres con experiencia práctica transmitida de generación en generación que conocían los rituales, los remedios herbales y las maniobras manuales que podían facilitar el proceso o resolver determinadas complicaciones.

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En las sociedades antiguas, el parto estaba rodeado de rituales y creencias religiosas. En la antigua Grecia, la diosa Artemisa era la protectora de las parturientas. En Roma, era Juno Lucina quien velaba por las mujeres en el momento del parto. En muchas culturas indígenas de América, África y Asia, el parto era atendido por mujeres especializadas que combinaban conocimientos empíricos con prácticas espirituales. La presencia masculina estaba habitualmente excluida del espacio del parto en casi todas las culturas preindustriales.

Las tasas de mortalidad materna e infantil en el parto eran, no obstante, enormemente elevadas en comparación con las actuales. Se estima que en la Europa medieval, entre el uno y el cinco por ciento de los partos terminaban con la muerte de la madre, y la mortalidad neonatal era todavía más alta. Las complicaciones como la hemorragia postparto, la infección puerperal, el parto obstruido y la preeclampsia se cobraban un número enorme de vidas que hoy podrían salvarse con los recursos médicos disponibles.

La medicalización del parto: avances y debates

El proceso de medicalización del parto comenzó gradualmente a partir del siglo XVII, con la introducción de los fórceps por parte de la familia Chamberlen en Inglaterra. A lo largo de los siglos XVIII y XIX, los médicos varones —los llamados médicos tocólogos— fueron desplazando progresivamente a las comadronas del papel central que habían ocupado durante siglos en la atención al parto. Este proceso fue paralelo al desarrollo de la medicina como disciplina científica y a la construcción de hospitales de maternidad en las ciudades europeas.

El gran punto de inflexión en la seguridad del parto llegó con el descubrimiento de la causa de la fiebre puerperal por Ignaz Semmelweis en el siglo XIX. Semmelweis demostró que el lavado de manos de los médicos antes de atender los partos reducía drásticamente la mortalidad materna por infección. Aunque sus ideas tardaron décadas en ser aceptadas por la comunidad médica, su contribución fue fundamental para transformar la seguridad del parto hospitalario.

El desarrollo de la anestesia obstétrica, el avance en las técnicas quirúrgicas para la cesárea, la disponibilidad de sangre para transfusiones y la aparición de los antibióticos en el siglo XX transformaron radicalmente el panorama obstétrico. La mortalidad materna, que en los países desarrollados era todavía de varias centenas por cada cien mil nacidos vivos a principios del siglo XX, cayó a cifras mínimas gracias a estos avances.

Sin embargo, la medicalización del parto también trajo consigo un debate sobre la excesiva intervención en un proceso que, en la mayoría de los casos, es fisiológico y no requiere intervención médica. El movimiento por el parto humanizado, que cobró fuerza en las últimas décadas del siglo XX, reclama el protagonismo de la mujer en su propio parto, el respeto de sus tiempos y ritmos naturales, la reducción de las intervenciones innecesarias y la integración del componente emocional y relacional en la atención obstétrica.

Hoy en día, la tendencia en los países de nuestro entorno es buscar un equilibrio entre la seguridad que proporciona el entorno hospitalario y el respeto por la dimensión personal y emocional del parto. Los planes de parto, la presencia de doulas, las salas de partos más humanizadas y los protocolos de parto respetado son expresiones de este esfuerzo por combinar lo mejor de ambos mundos.

Conclusión

La historia del parto es la historia de la lucha de la humanidad por reducir el sufrimiento y la mortalidad materna e infantil, sin perder de vista la dimensión profundamente humana de este acontecimiento. Hoy disponemos de los mejores recursos de la historia para que el parto sea seguro y también una experiencia respetada y significativa.

Puedes leer mas sobre este tema en nuestra guia sobre fertilidad y maternidad.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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