El trasplante de tejido ovárico se ha consolidado en los últimos años como una de las técnicas más prometedoras para restaurar la fertilidad en mujeres que han recibido tratamientos oncológicos agresivos. La quimioterapia y la radioterapia, aunque necesarias para combatir el cáncer, pueden dañar de forma irreversible la reserva ovárica y provocar una menopausia prematura. Gracias al avance de las técnicas de oncofertilidad, hoy es posible preservar tejido ovárico antes del tratamiento y trasplantarlo posteriormente para recuperar tanto la función hormonal como la capacidad reproductiva.
En qué consiste el trasplante de tejido ovárico
El procedimiento se realiza en dos fases claramente diferenciadas. En la primera, antes de iniciar la quimioterapia o la radioterapia, se extrae quirúrgicamente parte o la totalidad de uno de los ovarios. El tejido extraído se procesa y se congela mediante vitrificación o criopreservación lenta, con el objetivo de preservar los folículos que contiene los óvulos inmaduros que alberga.
En la segunda fase, una vez que la paciente ha superado el cáncer y está en condiciones de intentar un embarazo, el tejido ovárico descongelado se trasplanta de nuevo al organismo. Puede reimplantarse en su ubicación original —el ovario remanente o el lecho ovárico— o en localizaciones heterotópicas como el antebrazo o la zona abdominal, aunque el trasplante ortotópico (en la pelvis) es el más frecuente y el que permite una concepción natural.
Tras el trasplante, el tejido ovárico necesita varios meses para revascularizarse y comenzar a funcionar. En la mayoría de los casos, la función ovárica se recupera entre tres y seis meses después del reimplante, con la consiguiente reanudación de la actividad hormonal y, en muchos casos, la recuperación de los ciclos menstruales.
Resultados y eficacia del trasplante de tejido ovárico
Los datos acumulados durante los últimos quince años son alentadores. Se han documentado cientos de nacidos vivos en todo el mundo tras trasplante de tejido ovárico, lo que demuestra que la técnica no solo es factible sino clínicamente eficaz. Las tasas de éxito dependen de varios factores:
- Edad de la paciente en el momento de la extracción: cuanto más joven es la mujer cuando se preserva el tejido, mayor es la reserva folicular que contiene y mejores son los resultados tras el trasplante.
- Cantidad de tejido conservado: a mayor volumen de tejido ovárico almacenado, mayor potencial reproductivo tras el reimplante.
- Tiempo entre la extracción y el reimplante: tejidos conservados durante muchos años mantienen su viabilidad, aunque con el tiempo la reserva folicular puede verse reducida.
- Tipo de tumor y tratamiento recibido: en tumores hematológicos o de ovario, existe el riesgo teórico de reintroducir células malignas con el tejido trasplantado, por lo que cada caso debe evaluarse individualmente por un equipo multidisciplinar.
Una de las ventajas más importantes del tejido ovárico trasplantado es la durabilidad de su función. Algunos estudios han documentado trasplantes sucesivos del mismo tejido conservado, con recuperación de la función ovárica en cada nuevo reimplante, lo que amplía considerablemente la ventana reproductiva de las pacientes.
Oncofertilidad: la importancia de actuar antes del tratamiento
La preservación de la fertilidad en pacientes oncológicas es un campo que ha avanzado enormemente en la última década. El concepto de oncofertilidad engloba todas las estrategias disponibles para proteger la capacidad reproductiva de las personas que van a recibir tratamientos potencialmente gonadotóxicos:
- Vitrificación de óvulos: la opción más extendida para mujeres adultas. Requiere entre 10 y 14 días de estimulación ovárica antes de iniciar la quimioterapia.
- Vitrificación de embriones: en mujeres con pareja estable, permite conservar embriones fecundados con mayor tasa de supervivencia que los óvulos.
- Criopreservación de tejido ovárico: la única opción para niñas prepuberales, mujeres que no pueden esperar el tiempo necesario para la estimulación ovárica o aquellas con tumores hormono-dependientes.
- Transposición ovárica: en casos de radioterapia pélvica, los ovarios pueden desplazarse quirúrgicamente fuera del campo de irradiación para protegerlos.
El mensaje más importante en oncofertilidad es la necesidad de actuar con rapidez. Desde el momento del diagnóstico oncológico hasta el inicio del tratamiento suele haber una ventana de tiempo que, bien aprovechada, permite preservar opciones reproductivas valiosas. Por ello, los oncólogos deben derivar a sus pacientes a una unidad de reproducción de forma inmediata tras el diagnóstico.
Conclusión
El trasplante de tejido ovárico representa un avance extraordinario en el campo de la oncofertilidad. Gracias a esta técnica, muchas mujeres que han superado un cáncer pueden cumplir su deseo de ser madres, recuperando además una función ovárica que mejora su calidad de vida hormonal y general. La clave está en informar a las pacientes antes del tratamiento oncológico y en coordinar de forma eficiente a los equipos de oncología y reproducción asistida.
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