Hace apenas unas décadas, el diagnóstico de ausencia de ovarios o de fallo ovárico prematuro severo significaba, de forma casi definitiva, la imposibilidad biológica de tener hijos genéticamente propios. Sin embargo, los avances en la medicina reproductiva han ido ampliando progresivamente los horizontes de lo posible. El trasplante de tejido ovárico es una de las técnicas más innovadoras y esperanzadoras en este campo, y los casos de embarazos y nacimientos vivos conseguidos gracias a ella están cambiando la vida de muchas mujeres en todo el mundo.
¿En qué consiste el trasplante de tejido ovárico?
El trasplante de tejido ovárico es una técnica de preservación de la fertilidad que consiste en extraer, congelar y, posteriormente, reimplantar tejido ovárico (corteza ovárica) en la propia paciente. Esta técnica fue desarrollada inicialmente como una opción para mujeres jóvenes que iban a someterse a tratamientos de quimioterapia o radioterapia con alto riesgo de causar fallo ovárico (como ocurre en algunos tipos de cáncer de mama, linfoma de Hodgkin o leucemia).
El procedimiento tiene dos fases bien diferenciadas. La primera es la extracción y congelación del tejido ovárico, que se realiza mediante laparoscopia antes del inicio del tratamiento oncológico. Se extrae una parte o la totalidad de uno de los ovarios, se procesa en el laboratorio para eliminar el tejido del interior (médula ovárica) y se criopreserva la corteza, que es la zona donde se encuentran los folículos primordiales con los óvulos inmaduros.
La segunda fase es el reimplante, que se realiza cuando la paciente ha superado su enfermedad y desea intentar un embarazo. El tejido ovárico descongelado se implanta quirúrgicamente de nuevo en el organismo de la mujer, habitualmente en el ovario remanente o en el peritoneo pélvico. En un plazo de semanas a meses, el tejido trasplantado se revasculariza y comienza a funcionar de nuevo: produce hormonas y, en muchos casos, folículos capaces de ovular o de ser estimulados para una fecundación in vitro.
Casos de éxito y perspectivas de futuro
El primer nacimiento vivo documentado tras un trasplante de tejido ovárico se produjo en 2004, realizado por el equipo del Dr. Jacques Donnez en Bélgica. Desde entonces, el número de nacimientos registrados en todo el mundo gracias a esta técnica ha ido creciendo progresivamente, superando los 200 casos documentados en la literatura científica internacional, aunque la cifra real es probablemente mucho mayor.
Las tasas de éxito del trasplante de tejido ovárico, definidas en términos de restauración de la función ovárica, oscilan entre el 95% y el 100% en la mayoría de los estudios. Las tasas de embarazo, en cambio, son más variables y dependen de factores como la cantidad de tejido trasplantado, la edad de la paciente en el momento de la criopreservación, la calidad del tejido conservado y el tiempo transcurrido entre la extracción y el reimplante.
Una de las preocupaciones iniciales asociadas a esta técnica era la posibilidad de que el tejido ovárico reimplantado pudiera contener células malignas en los casos de pacientes con cáncer, reintroduciendo la enfermedad en la paciente. Esta preocupación es especialmente relevante en algunos tipos de cáncer, como la leucemia. Las investigaciones actuales están desarrollando métodos para eliminar las posibles células tumorales del tejido ovárico antes del reimplante, como el trasplante en fragmentos o el desarrollo de folículos in vitro a partir del tejido criopreservado.
El trasplante de tejido ovárico se está extendiendo también a otras situaciones más allá del ámbito oncológico: mujeres con fallo ovárico prematuro de causa genética (síndrome de Turner con mosaicismo), enfermedades autoinmunes o portadoras de mutaciones BRCA que se someten a salpingooforectomía profiláctica. En estos casos, se está explorando la posibilidad de criopreservar tejido ovárico en etapas tempranas de la vida para su uso posterior.
España es uno de los países europeos con mayor actividad en el campo de la criopreservación de tejido ovárico, con varios centros de referencia que ofrecen esta técnica tanto en el contexto oncológico como en otras indicaciones. La colaboración entre oncólogos, hematólogos y especialistas en medicina reproductiva es fundamental para ofrecer a las pacientes toda la información necesaria antes de iniciar un tratamiento potencialmente gonadotóxico.
Conclusión
El trasplante de tejido ovárico representa uno de los avances más significativos en la medicina reproductiva de las últimas décadas. Ofrece a mujeres que han perdido su función ovárica —por enfermedad, tratamiento oncológico o causas genéticas— la posibilidad real de lograr un embarazo con sus propios óvulos. Aunque la técnica sigue perfeccionándose, los resultados obtenidos hasta la fecha son una fuente de esperanza real para muchas mujeres.
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