Uno de los temores más frecuentes entre las parejas que recurren a técnicas de reproducción asistida es si estos tratamientos pueden aumentar el riesgo de complicaciones durante el embarazo. La buena noticia que nos ofrece la investigación científica más reciente es que la gran mayoría de los bebés nacidos gracias a la reproducción asistida son completamente sanos, y que los tratamientos de fertilidad no parecen incrementar de manera significativa el riesgo de problemas en las primeras etapas del embarazo. A continuación analizamos qué nos dice la ciencia al respecto y qué aspectos merece la pena conocer.
Qué dice la investigación sobre el primer trimestre en embarazos por FIV
El primer trimestre del embarazo es una etapa especialmente delicada en la que se produce la mayor parte del desarrollo embrionario. Durante estas primeras semanas, se forman todos los órganos y sistemas del bebé, lo que hace que este período sea crítico tanto en embarazos naturales como en los conseguidos mediante reproducción asistida.
Diversas investigaciones han analizado si la fecundación in vitro (FIV) o la inseminación artificial podrían alterar los procesos normales que tienen lugar durante el primer trimestre. Los estudios disponibles indican que los tratamientos de fertilidad no aumentan el riesgo de ubicación anormal de la placenta (placenta previa) ni de alteraciones en el desarrollo embrionario temprano en comparación con los embarazos concebidos de forma natural.
En cuanto al desarrollo fetal, los embriones obtenidos mediante FIV muestran una tasa de implantación y un patrón de desarrollo en el primer trimestre muy similar al de los embriones concebidos de manera natural. Los marcadores ecográficos y bioquímicos utilizados en el cribado del primer trimestre tienen el mismo valor predictivo en ambos tipos de embarazo.
Aspectos específicos a vigilar en embarazos por reproducción asistida
Aunque en términos generales los embarazos conseguidos mediante reproducción asistida evolucionan de manera similar a los naturales, existen algunos aspectos específicos que merecen una vigilancia particular:
- Embarazo múltiple: la transferencia de más de un embrión aumenta el riesgo de embarazo gemelar o de mayor orden, lo que conlleva mayores riesgos tanto para la madre como para los bebés. Por esta razón, la tendencia actual en embriología es transferir un único embrión de calidad (transferencia electiva de un embrión, o eSET).
- Sangrado en el primer trimestre: es relativamente más frecuente en embarazos por FIV, especialmente en las primeras semanas, pero en la mayoría de los casos no indica ningún problema grave.
- Seguimiento ecográfico precoz: las clínicas de reproducción asistida suelen realizar controles ecográficos más frecuentes en las primeras semanas del embarazo para confirmar la correcta implantación y el desarrollo inicial del embrión.
- Edad materna: muchas mujeres que recurren a la reproducción asistida tienen una edad materna avanzada, lo que por sí mismo incrementa ciertos riesgos independientemente de la técnica utilizada para concebir.
Es fundamental que los obstetras que atienden a mujeres con embarazos conseguidos mediante reproducción asistida conozcan los antecedentes del tratamiento para poder adaptar el seguimiento de manera adecuada.
La importancia del seguimiento multidisciplinar
La transición de la clínica de fertilidad al servicio de obstetricia es un momento clave en el embarazo conseguido mediante reproducción asistida. Una comunicación fluida entre ambos equipos garantiza la continuidad en el seguimiento y permite detectar precozmente cualquier anomalía.
En general, una vez confirmado el embarazo con latido cardíaco fetal positivo, habitualmente entre las semanas 6 y 8, el riesgo de pérdida es similar al de cualquier embarazo. A partir de ese momento, el seguimiento del embarazo puede realizarse con los mismos protocolos que se aplican a cualquier gestante, aunque con la atención adicional que pueda requerir la situación específica de cada mujer.
Conclusión
La reproducción asistida no incrementa de forma significativa el riesgo de complicaciones en el primer trimestre del embarazo, y la inmensa mayoría de los bebés nacidos gracias a estas técnicas son completamente sanos. Un seguimiento médico adecuado y una comunicación fluida entre los diferentes especialistas implicados son las claves para garantizar el mejor desenlace posible tanto para la madre como para el bebé.
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