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Durante décadas, la crianza de los bebés ha recaído de forma desproporcionada sobre las madres. La creencia popular de que las madres tienen un «instinto» innato para entender a sus bebés que los padres no poseen ha contribuido a perpetuar roles de género que, además de ser injustos, no están respaldados por la ciencia. La investigación más reciente en neurociencia y psicología del desarrollo demuestra que la capacidad de reconocer e interpretar el llanto del bebé no es una habilidad exclusivamente materna: es una habilidad que se desarrolla con la práctica y el contacto sostenido, y que cualquier cuidador comprometido puede adquirir.

Lo que la ciencia dice sobre el reconocimiento del llanto

Un estudio publicado en la revista Pediatrics analizó la capacidad de padres y madres para distinguir el llanto de su propio bebé del de otros bebés. Los resultados fueron reveladores: cuando el tiempo que el padre pasaba con el bebé era equivalente al de la madre, su capacidad de reconocimiento era igualmente precisa. La diferencia no estaba en el sexo del cuidador, sino en la cantidad y calidad del tiempo de contacto.

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El cerebro humano aprende a reconocer patrones a través de la exposición repetida. El llanto de un bebé no es un sonido uniforme: tiene matices, tonos, duraciones e intensidades distintas que comunican diferentes necesidades —hambre, dolor, cansancio, aburrimiento, necesidad de contacto—. Un cuidador que pasa muchas horas con el bebé aprende, de forma inconsciente pero eficaz, a distinguir estos matices y a responder de manera apropiada.

Este aprendizaje no es exclusivo de las madres biológicas. Los padres adoptivos, las figuras de cuidado alternativas y, por supuesto, los padres que se implican activamente en el cuidado cotidiano de su hijo desarrollan esta misma capacidad. Lo que determina la sintonía con el bebé no es el vínculo biológico, sino el tiempo, la atención y la presencia.

El papel del padre en los primeros meses: mucho más que apoyo

Históricamente, el padre ha sido relegado a un rol secundario durante los primeros meses, considerado como «apoyo» a la madre pero no como cuidador principal. Esta visión está cambiando, y los beneficios de la participación paterna activa son bien documentados tanto para el bebé como para el padre y la pareja.

Para el bebé, tener dos figuras de apego primario que responden a sus necesidades de forma consistente y sensible favorece su seguridad emocional, su desarrollo cognitivo y sus habilidades sociales. La relación con el padre tiene características propias que la diferencian de la relación con la madre: los padres tienden a estimular más el juego físico y la exploración, lo que contribuye a desarrollar la capacidad de regulación emocional del bebé.

Para el padre, el tiempo de contacto con el bebé en las primeras semanas y meses es crucial para el desarrollo del vínculo paterno-filial. La implicación activa en los cuidados —los cambios de pañal, los baños, las tomas nocturnas, el acompañamiento en el llanto— no solo construye ese vínculo, sino que también proporciona al padre una sensación de competencia y confianza en su rol parental que difícilmente puede adquirirse de otra manera.

Las políticas de conciliación, como los permisos de paternidad, son fundamentales en este contexto. Cuanto más tiempo pueda el padre permanecer en casa durante las primeras semanas, mayor será su implicación y más equilibrada será la distribución del cuidado en el largo plazo. Los países con permisos de paternidad más amplios e igualitarios muestran mayor corresponsabilidad en la crianza y, en consecuencia, mayor satisfacción en las relaciones de pareja tras la llegada del bebé.

Conclusión

El llanto del bebé es un lenguaje que cualquier persona que lo cuide con dedicación puede aprender a interpretar. La idea de que solo las madres «entienden» a sus bebés es un mito que no solo no tiene base científica, sino que además limita el desarrollo de vínculos paternos ricos y la corresponsabilidad en la crianza. Padres: el tiempo que pasáis con vuestros hijos no es solo importante para ellos; también os hace mejores padres.

Puedes leer mas sobre este tema en nuestra guia sobre fertilidad y maternidad.

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Equipo Editorial IMFER Blog

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Última revisión médica: 10 de mayo de 2026

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