Fecundación in vitro

La madre de su hija y de su nieta

Una mujer de Illinois es el vientre de alquiler de su hija, imposibilitada para el embarazo por un cáncer. Emily se sometió a una histerectomía estando embarazada y no podría tener más hijos. Cindy, la madre y abuela, se ofreció, pese a tener ya más de 50 años.

Desde su condición de bebé, de su semana de vida, Elle Cynthia Jordan desconoce que ella ya tenía toda una historia antes de nacer, una historia que le marcará toda su existencia.

En una ciudad como Nueva York no resulta difícil oír relatos de madres que se han servido de vientres de alquiler para la gestación de sus hijos. Lo explican con discreción, pero con naturalidad, y hablan de esas mujeres que se prestan a acoger el embarazo ajeno como profesionales en la materia, como si ejercieran un trabajo más.

A quién le puede extrañar que durante esas conversaciones irrumpa Berlanga y la frase de uno de sus personajes en Todos a la cárcel: «Menos misa y más paella»… No hay credos ni convenciones morales que se interpongan al deseo de ser madre.

A sus 53 años, Cindy Reutzel ha dado a luz a su nieta, Elle. Algún día le contarán qué sucedió.

Hace algo más de dos años, Emily y Mike Jordan se vieron obligados a tomar una decisión de las que dejan huella en la memoria, y en el alma. Cuando aún no había cumplido los 30, a Emily le diagnosticaron un cáncer de cuello uterino. Y le confirmaron su embarazo poco antes de someterse a una histerectomía (extirpación del útero). Ahí surgió el dilema. O se la salvaba a ella o al feto. La pareja decidió continuar con la intervención quirúrgica. Esto no sólo significaba perder al niño, sino que también suponía renunciar a cualquier posibilidad de tener sus propios hijos.

«Soy incapaz de describir cómo te sientes después de saber que padeces un cáncer y de ser consciente de que tu única posibilidad es la de renunciar a quedarte embarazada», ha declarado a la agencia Associated Press. Su madre, Cindy, entró entonces en escena. Ofreció su vientre. De entrada, el matrimonio respondió con escepticismo. «No pensamos que fuera una opción realista», consideraron a bote pronto.

Han pasado más de tres décadas del nacimiento de Louise Brown, la primera niña concebida in vitro. Al inicio, esta tecnología se aplicó a mujeres jóvenes. Luego a otras de más edad hasta superarse los 50, y más. Incluso se cuentan otros casos de mujeres que dieron a luz a sus nietos. Uno de los más relevantes se produjo en Brasil, en el 2007: una abuela alumbró a nietos gemelos.

Sostienen que a Cindy Reutzel todo esto le resultaba desconocido o, simplemente, le sonaba a algo muy lejano. Sin embargo, nada más saber que los médicos habían logrado mantener intactos los ovarios de Emily, de inmediato se ofreció a incubar a su nieto dentro de su vientre.

De la sorpresa y el escepticismo se pasó a ¿por qué no lo intentamos? Cindy era una mujer en buen estado físico, sin problema alguno de salud. La sometieron a un estudio psicológico y a un proceso de evaluación y tratamiento hormonal para preparar su cuerpo. Al concluir este proceso, la doctora Helen Kim, directora del programa de fecundación in vitro del hospital de la Universidad de Chicago, se encargó personalmente de implantar en el útero de Cindy el embrión creado con un óvulo de Emily fecundado por un espermatozoide de Mike.

«Me rompía el corazón que no pudieran tener hijos», confiesa la abuela y madre. Al ver el bombo, la gente le preguntaba por el niño. Les respondía que llevaba a su nieto, por lo que se entiende el desconcierto que provocaba.

No esconde que le preocupó el peaje a pagar por este embarazo. Pero, admite ahora, todo ha ido muy bien. Su físico ha respondido, se ha recuperado de la cesárea, la forma en que dio a luz a Emily y a su hermano mayor, aunque eso ocurrió hace tres décadas. Y Elle ha llegado hermosa.

«Lo volvería a hacer», asegura. «Miró a la niña y miró sus caras y es más de lo que yo imaginaba que podía hacer por ellos».

Fuente: La Vanguardia.com

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