Cada semana, en nuestra consulta de Murcia, atendemos a mujeres que llegan con una carpeta llena de dudas —y, a veces, con los ojos un poco húmedos. Algunas quieren donar: jóvenes que han oído hablar de la donación, que quieren ayudar y que, de paso, necesitan saber qué les va a pasar en el proceso. Otras llegan como receptoras, después de un camino largo —muchas veces agotador— de tratamientos que no han funcionado, de duelos silenciosos, de conversaciones difíciles en pareja. Para unas y para otras, la donación de óvulos representa un punto de inflexión. Y en IMFER sabemos que el modo en que se explica este proceso marca la diferencia entre una decisión tomada con miedo y una tomada con claridad.

La ovodonación —o donación de óvulos— es hoy una de las opciones reproductivas más consolidadas en España. No es una alternativa de último recurso: es un tratamiento con tasas de éxito elevadas, respaldado por una legislación clara, y que cada año permite a miles de familias cumplir un deseo que, sin esta vía, habría sido imposible. Según la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), España es el primer país de Europa en número de ciclos de donación de óvulos realizados. Eso no es casualidad: aquí existe un marco legal estable, profesionales especializados y una cultura de donación que, aunque todavía carga con algunos tabúes, va madurando año a año.

En esta guía hemos querido reunir todo lo que suele preguntarse —y lo que muchas veces no se atreve a preguntar— tanto quien considera donar como quien busca una receptora o se está preparando para recibir los óvulos. Lo encontrarás explicado sin eufemismos, con los datos reales que manejamos en clínica, y con el tono que usamos en consulta: directo, humano, sin dramatismos innecesarios.

¿Qué es la donación de óvulos en España? Marco legal, anonimato y compensación

La donación de óvulos en España está regulada por la Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida. Es una norma que lleva casi dos décadas vigente y que establece con bastante precisión las condiciones bajo las cuales puede producirse esta donación. Dos principios la articulan por completo: el altruismo y el anonimato. La donación debe ser un acto libre, consciente y desinteresado —en el sentido de que no puede existir una compraventa de óvulos— y, al mismo tiempo, la identidad de la donante no se revela a la receptora ni viceversa.

Ahora bien, que la donación sea altruista no significa que sea gratuita en términos prácticos. La ley contempla una compensación económica para la donante —que en ningún caso constituye un precio ni un salario— destinada a resarcir las molestias físicas, los desplazamientos, las horas de trabajo perdidas y los inconvenientes razonables del proceso. En España, esta compensación puede alcanzar los 1.000 euros por ciclo de donación, conforme a los criterios orientativos establecidos por la SEF y validados por las autoridades sanitarias. Cada clínica fija su propio importe dentro de ese marco, y en IMFER somos transparentes desde el principio sobre las condiciones económicas.

Marco legal: La Ley 14/2006 garantiza el anonimato de la donante, pero con una excepción importante: si el hijo nacido de la donación tuviera una necesidad médica grave que lo justificara, podría acceder a información sobre la donante —sin que eso implique revelación de la identidad completa—. Esta salvaguarda existe en toda la legislación europea moderna y no altera el funcionamiento habitual del proceso.

El anonimato es, muchas veces, uno de los puntos que más preguntas genera —tanto en donantes como en receptoras. Las donantes suelen preguntar: «¿podría encontrarme algún día con un hijo biológico en la calle sin saberlo?» Las receptoras, por su parte, a veces se preguntan si tienen derecho a saber algo sobre la mujer que hizo posible su maternidad. La ley española establece que la información que se maneja —características fenotípicas, grupo sanguíneo, datos de salud relevantes— queda registrada en los centros autorizados, pero la identidad personal permanece protegida. Es un equilibrio deliberado, pensado para proteger a todas las partes, incluido el futuro hijo.

España es, dentro de Europa, uno de los países con legislación más permisiva en materia de donación de gametos —no en el sentido de laxa, sino en el de completa y bien estructurada. Países como Alemania o Italia tienen restricciones mucho más severas, lo que explica en parte que muchas parejas europeas vengan a clínicas españolas para realizar sus tratamientos de ovodonación. En IMFER atendemos a pacientes nacionales e internacionales, y el marco legal que nos ampara es el mismo para todas.

¿Quién puede ser donante de óvulos? Requisitos y selección

Una pregunta que nos hacen muy seguido en la primera llamada: «Tengo 28 años, estoy sana, ¿puedo donar?» La respuesta casi siempre es «probablemente sí, pero necesitamos comprobarlo». Porque los requisitos no son caprichosos —responden a la necesidad de garantizar que el proceso sea seguro para la donante y que los óvulos obtenidos tengan las mejores condiciones posibles para la receptora.

La Ley 14/2006 establece que las donantes deben tener entre 18 y 35 años, aunque en la práctica clínica el rango óptimo se sitúa por debajo de los 30. No es discriminación por edad: a partir de los 30, la reserva ovárica empieza a disminuir de forma progresiva y la calidad ovocitaria —aunque todavía muy buena— comienza a declinar ligeramente. La mayoría de los programas de donación prefieren donantes de entre 20 y 28 años, precisamente porque el margen de respuesta a la estimulación es mejor y los riesgos son menores.

Perfil de donante: Edad entre 18 y 35 años (óptimo: menor de 30). Buena salud física y psicológica. Sin antecedentes de enfermedades hereditarias graves. Reserva ovárica adecuada confirmada mediante analítica y ecografía.

Más allá de la edad, el proceso de selección de una donante en IMFER incluye varias fases que no se pueden saltarse. Primero, una entrevista inicial —que puede ser presencial o telemática— en la que se recogen los antecedentes médicos personales y familiares hasta dos generaciones atrás. Se trata de descartar enfermedades hereditarias que pudieran transmitirse: enfermedades cromosómicas, trastornos genéticos monogénicos graves, enfermedades cardíacas congénitas con patrón de herencia conocido. No es un interrogatorio; es una conversación con una profesional que ayuda a la donante a reconstruir su historia de salud familiar con calma.

Después viene el estudio médico propiamente dicho: analítica de sangre completa que incluye serologías —VIH, hepatitis B y C, sífilis, entre otras—, cariotipo, y en muchos casos un estudio de portadores de enfermedades recesivas (como fibrosis quística, atrofia muscular espinal o síndrome del X frágil). Este estudio genético ampliado —que en IMFER realizamos de rutina— permite cruzar los resultados con los del futuro padre o la pareja receptora, reduciendo significativamente el riesgo de transmitir enfermedades recesivas al bebé. También se evalúa la reserva ovárica mediante ecografía transvaginal (recuento de folículos antrales) y analítica hormonal (AMH, FSH). Y se realiza una valoración psicológica: no para poner en duda la decisión de la donante, sino para asegurarse de que ha reflexionado sobre el proceso y que toma la decisión de forma libre e informada.

Una vez que todos los resultados son favorables, la donante firma el consentimiento informado —un documento que en IMFER explicamos con detalle, hoja por hoja, sin prisas— y queda incorporada al programa. Desde la primera consulta hasta el inicio de la estimulación pueden pasar entre dos semanas y un mes, dependiendo de la disponibilidad de citas y del calendario ovárico.

El proceso para la donante: qué ocurre paso a paso

Muchas mujeres que se plantean donar tienen una imagen un poco borrosa de lo que implica. «¿Me van a operar?» «¿Cuántos días tengo que ir a la clínica?» «¿Me va a doler?» Son preguntas completamente razonables, y que en IMFER respondemos antes de que la donante dé ningún paso. Conocer el proceso con antelación no solo reduce la ansiedad —también permite a la donante planificarse mejor en su vida cotidiana.

El proceso comienza con el inicio de la estimulación ovárica controlada, generalmente el segundo o tercer día del ciclo menstrual. Durante unos 10 a 12 días, la donante se administra inyecciones subcutáneas de gonadotropinas —hormonas que estimulan los ovarios para que produzcan más folículos de los que produciría en un ciclo natural. No son inyecciones intravenosas ni intramusculares: la mayoría de las donantes las toleran bien y aprenden a ponérselas ellas mismas en casa en cuestión de minutos. También se administran fármacos para evitar la ovulación espontánea antes del momento adecuado.

Durante la estimulación, la donante acude a la clínica para controles ecográficos —generalmente dos o tres visitas— en los que se mide el tamaño y número de folículos que están creciendo. Esto permite ajustar las dosis si fuera necesario y determinar el momento exacto de la punción. La frecuencia de visitas es mayor en la semana final de estimulación; la donante debe tener esto en cuenta para organizarse con el trabajo o los estudios.

Para la donante: Durante la estimulación es recomendable evitar el ejercicio físico intenso —especialmente el de alto impacto— y mantener una buena hidratación. Los ovarios crecen durante el proceso y pueden resultar algo molestos; los movimientos bruscos no son aconsejables en esos días.

Cuando los folículos alcanzan el tamaño adecuado —habitualmente entre 17 y 20 mm—, se administra la hormona desencadenante de la ovulación (HCG o agonista de GnRH), y aproximadamente 36 horas después se realiza la punción folicular. Esta es la intervención propiamente dicha: se trata de un procedimiento ambulatorio, realizado bajo sedación suave —la donante está dormida y no siente nada—, que dura entre 15 y 20 minutos. Mediante una aguja guiada por ecografía transvaginal, el embriólogo aspira el líquido de cada folículo para recuperar los óvulos. Tras la punción, la donante descansa en la clínica durante un par de horas y puede irse a casa el mismo día. La mayoría recupera su actividad normal al día siguiente o, como mucho, al cabo de dos días.

Los efectos secundarios más frecuentes —que no todas las donantes experimentan— son distensión abdominal, algo de sensibilidad pélvica, fatiga y cambios de humor durante la estimulación. El riesgo más relevante es el síndrome de hiperestimulación ovárica (SHO), que ocurre cuando los ovarios responden de forma exagerada a las hormonas. En sus formas leves o moderadas es autolimitado; en formas graves —infrecuentes cuando el protocolo está bien ajustado— puede requerir atención médica. En IMFER monitorizamos de cerca la respuesta de cada donante precisamente para prevenir este riesgo, y adaptamos el protocolo en tiempo real si vemos señales de alerta.

Algo que a muchas donantes les preocupa es si el proceso afecta a su fertilidad futura. La respuesta, según la evidencia disponible, es que no existe relación demostrada entre donar óvulos y una reducción de la reserva ovárica a largo plazo. Los folículos que se estimulan en cada ciclo son los que, en condiciones naturales, habrían degenerado ese mes —la estimulación simplemente los rescata. Dicho esto, en IMFER siempre animamos a las donantes a hacerse seguir en consulta si tienen cualquier duda después del proceso.

El camino de la receptora: preparación, sincronización y transferencia

Para la mujer que va a recibir los óvulos donados —o para la pareja receptora—, el proceso es emocionalmente muy distinto al de la donante. Muchas receptoras llegan a la ovodonación después de años de intentos, de ciclos propios fallidos, de pérdidas gestacionales repetidas o de un diagnóstico de fallo ovárico precoz. Llegan, a veces, con una mezcla de esperanza renovada y de miedo a que esto tampoco funcione. Lo que solemos explicar en la primera consulta es que el cuerpo de la receptora no tiene que producir óvulos —solo tiene que prepararse para recibirlos. Y eso, en la mayoría de los casos, es algo que el útero hace muy bien independientemente de la edad o del historial previo.

La preparación endometrial de la receptora es el eje del proceso. El objetivo es conseguir que el endometrio —la capa interna del útero— tenga el grosor y la maduración adecuados para recibir el embrión en el momento de la transferencia. Para ello se utilizan estrógenos —habitualmente en forma de parches transdérmicos o comprimidos orales— durante aproximadamente dos semanas, seguidos de progesterona cuando se determina que el endometrio está listo. La progesterona «transforma» el endometrio de proliferativo a secretor, preparándolo para la implantación.

Mientras tanto, si se trata de un ciclo con óvulos frescos, la donante está siendo estimulada en paralelo y se sincronizan los calendarios de ambas. Si se usan óvulos vitrificados —que es el caso en más del 40% de los ciclos de ovodonación en España—, la receptora no depende del ciclo de ninguna donante en particular: los óvulos ya están disponibles en el banco, y la preparación endometrial puede programarse con mucha más flexibilidad.

El día de la transferencia es, para muchas receptoras, uno de los momentos más intensos del proceso. Es una intervención sencilla —sin anestesia, similar a una revisión ginecológica— en la que el embriólogo, mediante un catéter fino, deposita el embrión en el interior del útero bajo guía ecográfica. Dura apenas unos minutos. Después, la receptora puede incorporarse y volver a casa sin restricciones especiales —el reposo absoluto no está justificado por la evidencia científica, aunque muchas mujeres prefieren tomarse el día con calma por razones emocionales, y eso también es completamente válido.

Tras la transferencia comienzan los días de espera —los famosos «dos semanas de espera» que cualquier mujer que ha pasado por esto conoce muy bien. En IMFER acompañamos a las receptoras durante este periodo con información clara sobre qué síntomas son normales, qué no lo son, y cuándo deben llamar. La prueba de embarazo se realiza habitualmente a los 10-12 días de la transferencia mediante análisis de sangre (beta-HCG).

¿Qué sienten las madres receptoras? Identidad materna y vínculo

Esta es una conversación que tenemos con frecuencia —y que no siempre es fácil de iniciar. Algunas receptoras, antes de empezar el tratamiento o incluso durante el embarazo, se preguntan en voz baja: «¿Lo voy a querer igual?» «¿Seré su madre de verdad?» «¿Cómo se lo cuento al niño?» Son preguntas que no tienen una respuesta única, pero que tampoco deben quedarse sin responder.

Desde el punto de vista científico, sabemos que la gestación no es un proceso pasivo. La madre gestante aporta el entorno uterino, la nutrición, las hormonas, el microbioma —y, a través del fenómeno de la microquimerismo fetal, incluso hay un intercambio celular entre madre e hijo durante el embarazo. La maternidad biológica no se limita a los genes. Lo que solemos decir en consulta —con cuidado, porque cada mujer llega a este tema desde un lugar diferente— es que el vínculo materno no nace en el momento de la fecundación sino en el de la crianza, el contacto, la presencia cotidiana.

Sobre cómo contárselo al hijo: la tendencia en la comunidad científica y psicológica va claramente hacia la transparencia desde edades tempranas. No una charla seria y solemne, sino una narrativa natural integrada en la historia familiar. Muchas familias lo explican de forma sencilla desde que el niño tiene uso de razón, usando un lenguaje adaptado a su edad. En IMFER ofrecemos apoyo psicológico a las receptoras —y a sus parejas— no solo durante el tratamiento sino también en este proceso de construcción del relato familiar.

Para receptoras: Si tienes dudas sobre cómo afrontar la identidad materna o la comunicación futura con tu hijo, el acompañamiento psicológico especializado en reproducción asistida puede ser un recurso muy valioso. No implica que tengas un problema —implica que te lo tomas en serio.

El estigma social alrededor de la ovodonación existe —sería irresponsable negarlo. Hay familias que deciden no contárselo a nadie, ni siquiera a los abuelos. Hay otras que lo comparten abiertamente. No hay una respuesta correcta universal, y en IMFER no emitimos juicio sobre ninguna de las dos posiciones. Lo que sí recomendamos, siempre, es que la pareja hable entre sí con claridad sobre cómo van a gestionar esta información —antes, durante y después del embarazo— porque las decisiones tomadas en silencio tienden a complicarse con el tiempo.

Tasas de éxito con óvulos donados en España

Una de las primeras preguntas que hacen las receptoras —y es completamente comprensible— es: «¿Cuántas posibilidades tengo?» La respuesta honesta es que las tasas de éxito de la ovodonación son, en términos generales, las más altas de todos los tratamientos de reproducción asistida. Y eso se debe a un factor muy claro: se usan óvulos de donantes jóvenes y sanas, lo que elimina el factor más limitante en fertilidad, que es la calidad ovocitaria.

Según los datos de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), la tasa de embarazo por transferencia en ciclos de ovodonación en España se sitúa en torno al 55-65%. Estas cifras varían según varios factores: la edad y el historial de la receptora, el número y la calidad de los embriones transferidos, el protocolo utilizado y, naturalmente, las características individuales de cada caso. No son porcentajes que puedan garantizarse para ninguna paciente concreta —la biología humana no funciona así—, pero sí dan una idea del rango real en el que nos movemos.

Dato SEF: La tasa de embarazo clínico por transferencia en ciclos de ovodonación en España oscila entre el 55% y el 65%, siendo una de las más altas de toda la medicina reproductiva. Fuente: Registro SEF de Actividad de los Centros de Reproducción Asistida.

Tasas orientativas de éxito por tipo de ciclo de ovodonación
Tipo de ciclo Tasa de embarazo por transferencia Acumulada (3 transf.)* Notas
Óvulos frescos (donante sincronizada) 55-65% ~94% Mayor número de óvulos disponibles por ciclo
Óvulos vitrificados (banco) 50-60% ~91% Mayor flexibilidad de calendario para la receptora
Embriones vitrificados (FET) 45-55% ~88% Embriones de ciclos anteriores de ovodonación
Ovodonación con diagnóstico genético preimplantacional (PGT-A) 65-75% ~97% Transferencia de embriones euploides seleccionados

* Probabilidad acumulada estimada para 3 transferencias consecutivas (suponiendo una media de 3 embriones por ciclo). Datos orientativos; cada caso es individual.

Estos datos deben interpretarse con cuidado. Una tasa del 60% por transferencia es un dato poblacional —se obtiene analizando cientos o miles de ciclos—, no una predicción individual. Hay mujeres que consiguen el embarazo en el primer intento; otras necesitan dos o tres transferencias. Lo que sí podemos afirmar es que, acumulando varios intentos con embriones de calidad, las probabilidades de éxito global se incrementan de forma significativa. En IMFER revisamos cada caso de forma individualizada y adaptamos el protocolo —preparación endometrial, técnica de transferencia, soporte de fase lútea— en función de los resultados previos.

Óvulos frescos vs. vitrificados: desmontando el mito de la «mejor opción»

Cuando las receptoras preguntan «¿es mejor recibir óvulos frescos o vitrificados?», la respuesta que damos en IMFER es que la pregunta, aunque lógica, parte de una premisa que merece revisarse. Durante muchos años, los óvulos frescos se consideraban superiores —simplemente porque la vitrificación no existía o era poco eficiente. Hoy, con las técnicas de vitrificación ultrarrápida (vitrificación en loop o Cryotop), la supervivencia ovocitaria tras la descongelación supera el 90% en centros con experiencia, y los resultados clínicos son comparables a los obtenidos con óvulos frescos.

Los óvulos vitrificados tienen, además, ventajas prácticas muy relevantes. No requieren sincronizar el ciclo de la donante con el de la receptora, lo que simplifica enormemente la logística y permite programar la transferencia en el momento más conveniente —tanto médicamente como en términos de agenda personal. También permiten a las clínicas trabajar con bancos de óvulos de donantes ya estudiadas y seleccionadas, lo que agiliza mucho los tiempos de espera. En España, más del 40% de los ciclos de ovodonación ya se realizan con óvulos vitrificados, y esa proporción va en aumento.

Los óvulos frescos siguen teniendo su lugar —especialmente cuando se quiere maximizar el número de óvulos disponibles para fecundar y obtener más embriones de los que hacer seguimiento, o cuando existen razones clínicas específicas para preferirlos. Pero la idea de que «frescos siempre es mejor» es una simplificación que ya no sostiene la evidencia. Lo que determina la calidad de un óvulo es la edad y la salud de la donante —no el hecho de haber pasado o no por el proceso de vitrificación cuando el laboratorio trabaja con los estándares adecuados.

Dato clave: Más del 40% de los ciclos con óvulos donados en España se realizan hoy con óvulos vitrificados, con tasas de éxito equiparables a los ciclos con óvulos frescos cuando la vitrificación se realiza con técnicas de alta eficiencia.

Preguntas que nos hacen donantes y receptoras en consulta

A lo largo de los años en IMFER hemos escuchado cientos de preguntas sobre donación de óvulos. Las que siguen son las que aparecen con más frecuencia —algunas formuladas en voz alta desde el primer minuto, otras que a veces tardan dos o tres consultas en salir.

¿Puedo donar si ya tengo hijos?

Sí, y de hecho muchas donantes ya son madres. La ley española no exige que la donante haya tenido hijos previamente —aunque algunos centros lo prefieren como un indicador de fertilidad probada. Tener hijos propios no condiciona la calidad de los óvulos ni modifica en ningún modo el proceso. Lo que sí establece la ley es que una misma donante no puede generar más de seis nacimientos en España —incluidos sus propios hijos, si los tiene—, para limitar el riesgo de consanguinidad futura entre individuos que comparten material genético.

¿Puedo saber si la donante se parece a mí?

No se puede conocer la identidad de la donante, pero sí se comparten datos fenotípicos relevantes: grupo sanguíneo, color de ojos, color y tipo de cabello, tono de piel, constitución física. En IMFER realizamos un matching fenotípico —una comparación de características físicas entre donante y receptora— para que el bebé pueda parecerse razonablemente a la madre gestante. Este proceso no es una garantía, porque la genética opera con mucha variabilidad, pero sí reduce la distancia fenotípica en la medida de lo posible.

¿Puede la donante arrepentirse y pedir los óvulos de vuelta?

No. Una vez firmado el consentimiento informado y realizada la punción, la donación es irrevocable —en los mismos términos en que lo es cualquier donación de órganos o tejidos en España. La ley es clara en este punto. Sin embargo —y esto es importante— el consentimiento puede retirarse en cualquier momento anterior a la punción, sin penalización ni obligación de justificación. Nadie puede ser obligada a continuar un proceso de donación si cambia de opinión durante la fase de estimulación.

¿Me afecta emocionalmente saber que hay un niño con mis genes en el mundo?

Esta es, quizá, la pregunta más íntima que una donante puede hacerse —y la más difícil de responder desde fuera. Lo que decimos en IMFER es que la experiencia emocional varía mucho de una mujer a otra. La mayoría de las donantes, especialmente las que han procesado bien la decisión antes de empezar, refieren no experimentar conflicto emocional posterior. Algunas sienten algo que describen como curiosidad o calidez; muy pocas experimentan arrepentimiento. La evaluación psicológica previa existe precisamente para ayudar a cada mujer a anticipar cómo podría responder emocionalmente y a reforzar los recursos personales con los que cuenta.

¿Qué pasa si el primer ciclo de ovodonación no funciona?

Es la pregunta que más les cuesta hacer a las receptoras —como si formularla en voz alta pudiera atraer ese resultado. Pero es una pregunta completamente necesaria. Si el primer ciclo no resulta en embarazo, el siguiente paso es revisar qué ha ocurrido: ¿el endometrio respondió bien? ¿Los embriones evolucionaron correctamente? ¿Hubo implantación fallida a pesar de buena calidad embrionaria? Dependiendo de la respuesta, se pueden ajustar el protocolo de preparación endometrial, realizar un estudio de receptividad uterina (ERA o similar), o plantear el uso de diagnóstico genético preimplantacional. Un ciclo fallido no cierra ninguna puerta —en la gran mayoría de los casos, abre una conversación clínica que conduce a un protocolo mejor.

¿Pueden mis padres, pareja o amigos saber que estoy donando?

Absolutamente. El anonimato que garantiza la ley es el que existe entre donante y receptora —no implica ninguna obligación de confidencialidad en la vida personal de la donante. Una donante puede contarle a quien quiera que está participando en un programa de donación de óvulos. Lo que no puede hacer —y esto lo recalcamos en el consentimiento— es intentar conocer la identidad de la receptora o la del hijo nacido de su donación.

¿Hay lista de espera para recibir óvulos donados en IMFER?

Depende del momento y del perfil fenotípico de la receptora. En general, los tiempos de espera en IMFER son más cortos que en la sanidad pública —donde pueden llegar a años— gracias al banco propio de óvulos vitrificados y al programa activo de captación de donantes. Lo mejor es consultar directamente con nuestro equipo para tener una estimación real en función de las características de cada caso.


La donación de óvulos es, en el fondo, una historia de generosidad y de deseo. La de una mujer que decide que sus óvulos pueden dar vida más allá de ella, y la de otra que lleva años esperando esa oportunidad. No es un proceso sencillo —emocional ni logísticamente—, pero es un proceso que, cuando se hace bien, transforma vidas de un modo que pocas experiencias médicas pueden igualar.

En IMFER llevamos años acompañando a donantes y receptoras en este camino —desde la primera llamada con dudas hasta el día en que llega la beta positiva. Sabemos que cada mujer llega desde un lugar diferente, con preguntas distintas y miedos propios. Y sabemos también que la información clara, honesta y sin adornos es lo que mejor ayuda a tomar decisiones.

Si tienes preguntas sobre ser donante o receptora, en IMFER te explicamos todo sin compromiso. Contacta con nuestro equipo.