Hay una conversación que se repite en nuestra consulta con una frecuencia que ya no nos sorprende, pero que nunca deja de emocionarnos. Una mujer de 34, quizás 37 años, entra y dice: «Sé que debería haber venido antes. ¿Sigo estando a tiempo?» A veces viene sola. A veces la acompaña su pareja o su madre. Casi siempre lleva meses dándole vueltas a esta decisión, postergándola entre proyectos laborales, mudanzas, relaciones que no cuajaron o sencillamente porque nadie le explicó que el tiempo biológico no espera al tiempo vital.

La vitrificación de óvulos ha cambiado de forma radical lo que es posible para las mujeres que quieren ser madres. No es un milagro. Tampoco es una garantía absoluta. Pero sí es la herramienta más potente que la medicina reproductiva ha desarrollado en las últimas dos décadas para darle a una mujer algo que antes era imposible: tiempo. Tiempo para tomar decisiones sin que el reloj biológico marque el ritmo de su vida.

En estas páginas vamos a contarte todo lo que necesitas saber para tomar una decisión informada. No vamos a suavizar los datos que incomodan, porque creemos que mereces la verdad completa: cuándo funciona, cuándo no, qué esperar del proceso y qué preguntas hacerte antes de dar el paso. Si estás leyendo esto, probablemente ya estás en el momento justo para informarte.

¿Qué es la vitrificación y en qué se diferencia de la congelación lenta?

Durante décadas, cuando alguien hablaba de «congelar óvulos», se refería a un proceso que tenía tasas de éxito decepcionantes. La congelación lenta —el método que se usaba hasta los años 2000— sometía al óvulo a un descenso gradual de temperatura que permitía la formación de cristales de hielo en su interior. Esos microcristales dañaban la membrana celular, el huso meiótico y el ADN del óvulo. El resultado: la mayoría de los óvulos descongelados no sobrevivían, y los que lo hacían presentaban una calidad comprometida. No es de extrañar que muchos profesionales de entonces mostraran escepticismo ante la técnica.

La vitrificación lo cambió todo. La palabra viene del latín vitrum, vidrio. El proceso no congela el óvulo: lo vitrifica, es decir, lo convierte en un estado vítreo, amorfo, sin estructura cristalina. Se consigue bajando la temperatura de forma ultrarrápida —hablamos de velocidades de enfriamiento que superan los 20.000 grados centígrados por minuto— usando crioprotectores de alta concentración que desplazan el agua intracelular. El resultado es que el óvulo queda suspendido en el tiempo en un estado casi perfectamente conservado, sin daño estructural detectable.

Según datos de la ESHRE (Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología), los centros con experiencia contrastada en vitrificación de óvulos alcanzan tasas de supervivencia al descongelamiento superiores al 90%. En muchos laboratorios de referencia, esta cifra ronda el 95%.

La diferencia con la congelación lenta no es solo técnica: es clínica. Hoy, los estudios que comparan ciclos de FIV con óvulos vitrificados frente a óvulos frescos en mujeres de la misma edad no encuentran diferencias estadísticamente significativas en tasas de fecundación, de desarrollo embrionario ni de embarazo. Esto ha permitido que la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) y la propia ESHRE reconozcan oficialmente que la vitrificación de óvulos ya no es una técnica experimental: es un tratamiento consolidado y seguro.

Una aclaración que conviene hacer desde el principio: cuando hablamos de «congelar óvulos» en el lenguaje cotidiano, hoy nos referimos casi siempre a vitrificación. La congelación lenta apenas se practica ya en clínicas especializadas. Si una clínica te ofrece «congelación lenta» como alternativa, es una señal de alerta sobre la actualización de sus protocolos.

¿Quién debería plantearse preservar su fertilidad?

No existe un perfil único de mujer que viene a IMFER a preservar su fertilidad. Lo que sí existe es una pregunta universal que comparten casi todas: «¿Esto es para mí?» La respuesta más honesta que podemos dar es que, si te lo estás preguntando, probablemente tiene sentido que lo estudies. Pero hay circunstancias concretas en las que la preservación deja de ser una opción a valorar y pasa a ser una recomendación médica clara.

Por decisión personal o laboral

El grupo más numeroso que llega a nuestra consulta son mujeres que no tienen ningún problema de salud reproductiva conocido, pero que saben que no están en el momento vital adecuado para ser madres. Algunas están en medio de un proceso de formación muy exigente —residencias médicas, doctorados, proyectos de empresa. Otras están en una etapa de reconstrucción personal tras una relación larga que no funcionó. Otras, sencillamente, todavía no han encontrado la persona con quien quieren tener un hijo y no quieren que esa incertidumbre dicte sus opciones reproductivas.

En España, la edad media del primer parto ronda los 32 años, la más alta de Europa. Y sin embargo, el sistema reproductivo femenino no ha evolucionado al mismo ritmo que la sociedad. Los óvulos envejecen. La reserva ovárica disminuye. Y ese desfase entre lo que la vida pide y lo que la biología permite es exactamente el espacio que la vitrificación viene a cubrir.

Si tienes entre 30 y 35 años y no planeas buscar un embarazo en los próximos dos o tres años, merece la pena hacer al menos una consulta de valoración. No implica ningún compromiso, pero sí te dará información sobre tu reserva ovárica real y el momento más adecuado para actuar si decides hacerlo.

Lo que más nos preguntan es cuándo es demasiado tarde. Y la respuesta depende de cada mujer. Pero lo que sí podemos decir con datos es que esperar a los 38 o 40 años para vitrificar no es lo mismo que hacerlo a los 33. No porque no tenga sentido hacerlo —puede tenerlo—, sino porque las probabilidades de éxito futuro son sensiblemente diferentes. A eso volvemos en la siguiente sección.

Por motivos médicos: oncofertilidad, endometriosis y cirugías

Hay un segundo grupo para quien la preservación de la fertilidad no es una elección: es una necesidad urgente. Son las pacientes oncológicas, las mujeres con endometriosis severa, quienes van a someterse a cirugías que pueden comprometer la función ovárica, o quienes tienen una reserva ovárica disminuida de forma prematura.

La oncofertilidad es quizás el campo donde la vitrificación de óvulos tiene el impacto humano más profundo. Una mujer que recibe un diagnóstico de cáncer de mama con 28 años tiene por delante un protocolo de quimioterapia o radioterapia que puede dañar de forma irreversible su reserva ovárica. Los agentes alquilantes, en particular, son gonadotóxicos: atacan las células que se dividen rápidamente, y los folículos ováricos no son una excepción. En muchos casos, preservar óvulos antes de iniciar el tratamiento oncológico es la única oportunidad real que tendrá esa mujer de tener hijos biológicos en el futuro.

En situaciones oncológicas, los tiempos son críticos. La mayoría de los protocolos de estimulación ovárica pueden realizarse en 10-14 días, lo que permite iniciar el tratamiento del cáncer sin demoras significativas. Es fundamental que el equipo oncológico y el de reproducción trabajen de forma coordinada desde el momento del diagnóstico. Si acabas de recibir un diagnóstico oncológico, solicita una derivación urgente a una unidad de reproducción antes de iniciar la quimioterapia.

La endometriosis merece mención específica. Las mujeres con endometriosis ovárica —los llamados endometriomas o quistes de chocolate— tienen una reserva ovárica que se deteriora más rápidamente que la media, tanto por la propia enfermedad como por las cirugías que puede requerir. Cada intervención sobre el ovario elimina tejido ovárico funcional. En mujeres jóvenes con endometriosis moderada o severa, la preservación precoz de óvulos puede ser la decisión más inteligente a largo plazo, incluso antes de plantearse si quieren ser madres.

También se incluyen en este grupo las mujeres con insuficiencia ovárica precoz o baja reserva ovárica diagnosticada antes de los 35 años, y aquellas que van a someterse a cirugías pélvicas extensas por patologías benignas que pueden comprometer la vascularización del ovario.

La edad lo cambia todo — por qué importa cuándo vitrificamos

Este es el punto donde tenemos que ser completamente honestos, aunque sea lo que menos se quiere escuchar. La vitrificación de óvulos no detiene el reloj biológico: lo fotografía en el momento en que se hace. Los óvulos que se vitrifican a los 32 años tienen la calidad de óvulos de 32 años, independientemente de cuándo se usen. Eso es exactamente lo extraordinario de la técnica. Pero también significa que la fotografía que tomas a los 38 no es la misma que la que habrías tomado a los 33.

La calidad ovocitaria —la capacidad de un óvulo para fecundarse correctamente, desarrollarse en un embrión sano e implantarse— depende fundamentalmente de la edad en que ese óvulo se produce. Con los años, los óvulos acumulan daño en sus mitocondrias, presentan anomalías en los cromosomas con mayor frecuencia (aneuploidías) y tienen una capacidad de desarrollo embrionario reducida. Esto explica por qué la tasa de aborto espontáneo aumenta de forma tan pronunciada con la edad materna: no es un problema del útero, es un problema de los óvulos.

Lo que sí podemos decir, de forma general, es que a menor edad al vitrificar, mayor es la proporción de óvulos cromosómicamente normales y mejor la respuesta a la estimulación ovárica. No es una regla rígida —hay mujeres de 38 años con reservas excelentes y mujeres de 30 con reservas comprometidas— pero la tendencia general es clara: la calidad y la cantidad de óvulos disponibles disminuyen con el tiempo. Por eso el momento en que se toma la decisión importa, y no es lo mismo plantearlo a los 32 que a los 39.

Esta realidad no debe interpretarse como un motivo de alarma, sino como información útil para tomar decisiones. Una mujer que vitrifica a los 37 o 38 años puede perfectamente obtener óvulos de buena calidad y lograr un embarazo con ellos en el futuro; simplemente puede necesitar más ciclos o más seguimiento individualizado que si hubiera actuado antes. Lo importante es conocer la situación real de cada una —que solo se puede saber con un estudio de reserva ovárica— y decidir con esa información encima de la mesa.

La Sociedad Española de Fertilidad recomienda que la preservación electiva de fertilidad se realice idealmente antes de los 35 años. Más allá de esa edad, la eficiencia del proceso disminuye de forma progresiva. Antes de los 33 años, una sola estimulación ovárica suele ser suficiente para obtener el número de óvulos que se considera razonable para tener opciones reales en el futuro.

Hay otro factor que a menudo se pasa por alto: la reserva ovárica varía enormemente entre mujeres de la misma edad. Dos mujeres de 34 años pueden tener reservas ováricas completamente diferentes. Por eso la valoración inicial —que incluye la determinación de la hormona antimülleriana (AMH) y el recuento de folículos antrales por ecografía— es tan importante. Es la única forma de saber cuál es tu situación real, independientemente de tu edad cronológica.

El proceso de vitrificación de óvulos, paso a paso

Muchas mujeres llegan a la primera consulta con una mezcla de curiosidad y aprensión. Han leído cosas en internet, han escuchado experiencias de amigas, pero no tienen una imagen clara de lo que implica. Vamos a recorrer el proceso desde la perspectiva de quien lo vive.

La estimulación ovárica

En condiciones naturales, el ovario madura un único folículo por ciclo —el dominante— y el resto regresa sin desarrollarse. La estimulación ovárica controlada utiliza gonadotropinas (hormonas FSH y LH) para conseguir que varios folículos maduren simultáneamente. El objetivo no es «crear» más óvulos de los que el ovario tiene: es reclutar un grupo de folículos que en ese ciclo natural hubieran involucionado.

El tratamiento se administra mediante inyecciones subcutáneas que la paciente aprende a ponerse ella misma. Son agujas muy finas, similares a las que usan las personas con diabetes para la insulina. La mayoría de mujeres se adaptan en uno o dos días. El protocolo dura entre 10 y 14 días, durante los cuales se realizan controles ecográficos periódicos —habitualmente tres o cuatro visitas— para monitorizar el desarrollo folicular y ajustar las dosis.

Los efectos secundarios más frecuentes son hinchazón abdominal, sensación de pesadez pélvica, cambios de humor y, en algunos casos, sensibilidad mamaria. Son los mismos síntomas que muchas mujeres experimentan antes de la menstruación, pero amplificados. La gran mayoría los tolera bien y puede hacer vida normal durante el tratamiento. El temido síndrome de hiperestimulación ovárica —la complicación más seria— se ha vuelto muy poco frecuente gracias a los protocolos modernos con antagonistas que permiten un desencadenante de la ovulación con agonistas del GnRH en lugar de la HCG tradicional.

Durante la estimulación ovárica conviene evitar el ejercicio físico intenso, especialmente los deportes de impacto y giro. Los ovarios crecen durante el proceso y aumenta el riesgo de torsión ovárica con la actividad física intensa. Caminar, natación suave o yoga son perfectamente compatibles.

La punción folicular

Cuando los folículos han alcanzado el tamaño adecuado —generalmente entre 17 y 20 mm— se administra el desencadenante de la maduración final y, entre 35 y 36 horas después, se realiza la punción folicular. El procedimiento se hace bajo sedación suave, en quirófano, y dura entre 15 y 30 minutos según el número de folículos. La paciente no siente nada durante la punción y pasa unas horas en recuperación antes de irse a casa.

Mediante una aguja guiada por ecografía transvaginal, el médico aspira el contenido de cada folículo. El líquido folicular se pasa inmediatamente al laboratorio de embriología, donde la embriologa identifica y selecciona los óvulos maduros —los que se encuentran en metafase II— que son los únicos aptos para la vitrificación.

El número de óvulos obtenidos en la punción nunca es exactamente igual al número de folículos observados en la ecografía previa. Algunos folículos contienen óvulos inmaduros o atréticos, o simplemente no contienen óvulo recuperable. Es normal que haya una pequeña diferencia, y es importante no angustiarse por ello: lo que cuenta es el número final de óvulos maduros vitrificados.

El laboratorio: de óvulo a cristal

Lo que ocurre en las horas siguientes a la punción es donde reside el verdadero arte de la vitrificación. Los óvulos maduros se exponen a soluciones crioprotectoras en pasos secuenciales que sustituyen el agua intracelular por agentes que impiden la formación de cristales. Después se cargan en soportes especiales —los llamados Cryotop o Cryolock, dependiendo del sistema— y se sumergen directamente en nitrógeno líquido a -196°C.

El proceso completo de vitrificación de un óvulo dura menos de un minuto desde que se carga en el soporte hasta que queda sumergido en el nitrógeno. La velocidad es esencial: es lo que distingue la vitrificación de cualquier método anterior. Una vez en nitrógeno líquido, el óvulo está en un estado de suspensión completa. No hay metabolismo, no hay degradación, no hay envejecimiento. El tiempo se detiene.

Los estudios disponibles no han encontrado límite de tiempo para el almacenamiento en nitrógeno líquido en términos de calidad ovocitaria. Se han conseguido embarazos con óvulos almacenados durante más de diez años sin diferencias en las tasas de éxito. El factor limitante en España no es biológico, sino legal.

El almacenamiento

Una vez vitrificados, los óvulos se almacenan en tanques de nitrógeno líquido en el laboratorio de la clínica. En España, el marco legal que regula este almacenamiento es la Ley 14/2006 sobre técnicas de reproducción humana asistida. Esta norma establece que los gametos pueden conservarse durante un máximo de cinco años, con posibilidad de prórroga si la mujer lo solicita expresamente y acredita que sigue teniendo capacidad reproductiva.

La Ley 14/2006 establece un período inicial de conservación de cinco años para óvulos preservados con fines electivos, prorrogable. Es fundamental mantener el contacto con la clínica y formalizar las prórrogas antes de que venza el plazo. Si pierdes el contacto con el centro o no contestas los requerimientos, los óvulos pueden quedar en una situación legal compleja. Guarda bien la documentación del contrato de almacenamiento y actualiza tus datos de contacto si cambias de domicilio o de correo electrónico.

El coste del almacenamiento anual suele estar diferenciado del coste del ciclo de vitrificación en sí. Es un gasto recurrente que conviene tener en cuenta en la planificación económica. Algunas clínicas incluyen los primeros años en el precio del tratamiento; otras los facturan desde el primer momento. Pregunta siempre por la estructura de precios completa antes de firmar.

¿Cuántos óvulos necesito vitrificar?

Esta es probablemente la pregunta que más genera ansiedad. Y merece una respuesta honesta, aunque no sea la más tranquilizadora.

No existe un número mágico que garantice un embarazo. Lo que sí existe son datos probabilísticos que nos permiten estimar qué número de óvulos maduros da opciones razonables de tener al menos un hijo en el futuro. La recomendación más extendida entre los especialistas en reproducción, y avalada por los estudios de modelización publicados en los últimos años, apunta a un rango de 10 a 15 óvulos maduros vitrificados como objetivo para mujeres menores de 35 años.

Para entender por qué se necesitan tantos, hay que pensar en el camino que recorre cada óvulo cuando llega el momento de usarlo. No todos los óvulos sobreviven a la desvitrificación —aunque las tasas superan el 90% en centros experimentados, no es el 100%. De los que sobreviven, no todos se fecundan. De los fecundados, no todos se desarrollan hasta blastocisto. De los blastocistos, si se hace un diagnóstico genético preimplantacional, no todos resultan euploides. Y de los que se transfieren, no todos se implantan y dan lugar a un embarazo viable.

Cada uno de esos pasos tiene su propia tasa de éxito, y cuando se multiplican entre sí, el resultado es que se necesita un número mayor del que intuitivamente se imagina. Un ejemplo concreto: si una mujer de 34 años vitrifica 12 óvulos maduros, puede esperar que sobrevivan 11, que se fecunden 9, que lleguen a blastocisto 5-6 y que 3-4 sean euploides. Cada transferencia de un embrión euploide tiene una tasa de implantación del 60-70% en condiciones normales. El camino tiene muchos pasos, y la abundancia inicial protege contra la pérdida en cada uno de ellos.

En España se realizan más de 10.000 ciclos de preservación de fertilidad al año, según datos de la SEF. El número ha crecido de forma exponencial en la última década, impulsado tanto por la preservación electiva como por la oncofertilidad. Esto ha permitido que los laboratorios españoles acumulen una experiencia clínica que se refleja en las tasas de éxito.

Para las mujeres mayores de 35 años, el número recomendado tiende a ser mayor —algunos especialistas hablan de 15 a 20 óvulos maduros— precisamente porque la tasa de euploidía es menor y cada óvulo tiene estadísticamente menos probabilidades de dar lugar a un embrión transferible. Eso puede implicar más de un ciclo de estimulación. Y aquí es donde la edad al vitrificar vuelve a ser determinante: hacer varios ciclos a los 37 es biológicamente más complejo y económicamente más costoso que haberlos hecho a los 33.

Lo que nunca es honesto decirle a una paciente es que un número concreto de óvulos garantiza un hijo. La medicina reproductiva trabaja con probabilidades, no con certezas. Lo que sí podemos afirmar con fundamento es que vitrificar un número razonable de óvulos en el momento adecuado aumenta de forma significativa las probabilidades futuras, y que no vitrificar no las aumenta en absoluto.

Cuando llega el momento de usarlos

Algunas mujeres usan sus óvulos vitrificados al año de haberlos preservado. Otras esperan cinco, ocho o diez años. Cuando llega ese momento —porque han encontrado pareja, porque han decidido ser madres en solitario, porque han superado su enfermedad oncológica— el proceso que sigue tiene sus propias características.

El primer paso es la desvitrificación, que se realiza en el laboratorio el mismo día que se va a usar el óvulo. El proceso es el inverso al de la vitrificación: el óvulo se saca del nitrógeno, se rehidrata de forma escalonada retirando los crioprotectores y se coloca en un medio de cultivo para verificar que ha sobrevivido y que su estructura es la adecuada. Todo esto ocurre en pocas horas y la paciente no participa directamente en ello.

Una vez confirmada la supervivencia del óvulo, se procede a la fecundación mediante ICSI —microinyección espermática—, que consiste en introducir un único espermatozoide directamente en el óvulo con una micropipeta. La ICSI es el método estándar cuando se trabaja con óvulos desvitrificados, ya que la zona pelúcida del óvulo puede endurecerse ligeramente durante la vitrificación, dificultando la fecundación convencional. El uso de ICSI no afecta negativamente a los embriones resultantes.

Los embriones resultantes se cultivan en el laboratorio durante cinco o seis días hasta alcanzar el estadio de blastocisto. En ese momento, si se ha decidido realizar un diagnóstico genético preimplantacional (DGP-A), se hace una biopsia de cada blastocisto y se analizan los cromosomas. Esto permite seleccionar los embriones euploides —con el número correcto de cromosomas— antes de la transferencia, lo que mejora las tasas de implantación y reduce el riesgo de aborto.

La transferencia embrionaria en sí es un procedimiento sencillo, sin anestesia, similar a una citología. El embrión se coloca en la cavidad uterina mediante un catéter fino bajo control ecográfico. Diez días después se hace la primera prueba de embarazo. Es el momento más tenso de todo el proceso, el que concentra toda la espera acumulada durante años.

Cuando decidas que es el momento de usar tus óvulos, contacta con la clínica con antelación suficiente —al menos uno o dos ciclos menstruales antes— para planificar la preparación endometrial y coordinar todos los pasos. Si han pasado varios años desde la vitrificación, es probable que necesites una evaluación del estado de tu útero antes de proceder a la transferencia.

Los datos sobre tasas de éxito con óvulos vitrificados son hoy equiparables a los de los ciclos con óvulos frescos cuando se comparan mujeres de la misma edad en el momento de la vitrificación. Esta equivalencia, que hace quince años era apenas una promesa, es hoy una realidad clínica documentada en miles de ciclos. Es la prueba más contundente de que la vitrificación funciona.

Preguntas frecuentes sobre la vitrificación de óvulos

¿Hasta qué edad puedo vitrificar mis óvulos?

No existe una edad máxima legal en España para la preservación de óvulos propios, pero sí hay un límite clínico implícito: la técnica solo tiene sentido si la calidad y cantidad de los óvulos obtenidos es suficiente para ofrecer opciones reales de embarazo en el futuro. En general, a partir de los 40 años la eficiencia de la estimulación disminuye mucho y los óvulos obtenidos tienen tasas elevadas de aneuploidía. Esto no significa que no deba valorarse caso a caso, pero es fundamental tener expectativas realistas. Por encima de los 42-43 años, la preservación de óvulos propios raramente ofrece resultados que justifiquen el proceso, y muchas mujeres optan en ese momento por la donación de óvulos.

¿Cuánto cuesta la vitrificación de óvulos en España?

El coste de un ciclo completo de vitrificación de óvulos en España oscila habitualmente entre 2.500 y 4.500 euros, sin incluir el precio de la medicación para la estimulación ovárica, que puede añadir entre 800 y 1.500 euros adicionales según el protocolo y la respuesta de cada paciente. A esto hay que sumar el coste del almacenamiento anual, que suele situarse entre 200 y 500 euros por año. Si se necesitan dos o más ciclos de estimulación, los costes se multiplican. La variabilidad entre clínicas es significativa y no siempre está correlacionada con los resultados: es más importante preguntar por los resultados del laboratorio que por el precio.

¿Es peligrosa la estimulación ovárica? ¿Aumenta el riesgo de cáncer?

La estimulación ovárica controlada es un procedimiento con un perfil de seguridad bien establecido tras décadas de uso en millones de mujeres. Los estudios epidemiológicos de largo plazo —incluidos los más robustos en términos de metodología— no han encontrado un aumento del riesgo de cáncer de ovario o de mama asociado a la estimulación ovárica para reproducción asistida. La preocupación por el cáncer de mama en mujeres con mutaciones BRCA es legítima y debe abordarse con el oncólogo, pero incluso en esos casos los protocolos adaptados con inhibidores de aromatasa permiten hacer la estimulación con una exposición a estrógenos significativamente menor. El síndrome de hiperestimulación ovárica grave, la complicación más seria, afecta a menos del 1% de los ciclos con los protocolos modernos.

¿Cuándo podré saber cuántos óvulos se han vitrificado?

El mismo día de la punción folicular, o a más tardar al día siguiente, el laboratorio te informará del número de óvulos maduros vitrificados. Recibirás un documento que acredita el número y la fecha de vitrificación. Guárdalo en un lugar seguro: es tu garantía de lo que tienes almacenado.

¿Puedo hacer vida normal durante la estimulación?

En general, sí. La mayoría de las mujeres trabajan con normalidad durante todo el proceso. Las visitas de control son rápidas —ecografía y analítica en la misma cita— y se pueden programar a primera hora de la mañana para minimizar el impacto laboral. Los días previos a la punción puede aumentar la incomodidad abdominal porque los ovarios están creciendo, y conviene evitar viajes largos y ejercicio intenso. Pero no es un proceso incapacitante para la mayoría.

¿Los óvulos vitrificados son «míos» para siempre? ¿Qué pasa si la clínica cierra?

Los óvulos son tuyos y solo pueden usarse o destruirse con tu consentimiento expreso. La Ley 14/2006 protege tus derechos como propietaria de los gametos. En caso de cierre de una clínica, los gametos almacenados deben ser transferidos a otro centro o al Banco Nacional de Líneas Celulares, previa comunicación a los titulares. Dicho esto, es prudente elegir clínicas con trayectoria consolidada y hacer un seguimiento regular del estado de tu contrato de almacenamiento.

¿Puedo vitrificar óvulos si tengo síndrome de ovario poliquístico?

El síndrome de ovario poliquístico (SOP) no es una contraindicación para la vitrificación. De hecho, las mujeres con SOP suelen tener una reserva ovárica elevada y responden muy bien a la estimulación. Sin embargo, también tienen mayor riesgo de síndrome de hiperestimulación ovárica, por lo que el protocolo debe diseñarse con especial cuidado —dosis de FSH más bajas, desencadenante con agonistas del GnRH— para minimizar ese riesgo. En manos experimentadas, las mujeres con SOP obtienen con frecuencia muy buenos resultados en la preservación de fertilidad.


Si estás pensando en preservar tu fertilidad, cuanto antes lo estudies, más opciones tendrás. Pide tu consulta de valoración en IMFER.